sábado, 12 de octubre de 2019

Curso de Psicología Corporal

Los días 26 y 27 de octubre de 2019, impartiremos en el centro "eltai" el primer curso teórico-práctico de Psicología Corporal. En base a estudios cognitivos, biológicos y humanistas, se expondrán los mecanismos que fomentan o inhiben la salud y la vitalidad. Los contenidos de este curso serán:

  • Módulo 1, sábado por la mañana de 10 a 14 h.: Estudiaremos los diversos planos dinámicos del Ser humano y sus relaciones.
  • Módulo 2, sábado por la tarde, de 16 a 20 h.:Analizaremos los principales procesos de somatización, y las interacciones recíprocas cuerpo-mente.
  • Módulo 3, domingo por la mañana, de 10 a 14h.: Desarrollaremos técnicas bio-energéticas para fomentar y estimular nuestra vitalidad.

El seminario completo tendrá lugar en el centro "eltai", situado en la calle Luzarra 16, 4º piso, dpto. 5 (Bilbao). El coste del curso completo es de 75 €, y un módulo individual 30 €.

El curso será impartido por Luismiguel R. Costa, psicólogo (col. BI05012), fisioterapeuta e instructor de Taichí, Chikung y Gimnasia Postural.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Contenidos teóricos de octubre

Durante el mes de octubre, nos centraremos en la parte postural del Taichí. Analizaremos la estructura física, desglosando aspectos tales como la posición a adoptar en pelvis y lumbares, el alineamiento del cuello y la cabeza, o la forma de pisar para no lesionar las rodillas.

Desde una perspectiva funcional y práctica, el Taichí es una disciplina focalizada en la correcta disposición de las articulaciones, para que el manejo del cuerpo no aplique cargas innecesarias sobre ellas. De esta manera, su funcionamiento, integridad y bienestar, tienen más probabilidades de mantenerse en un estado óptimo.

Esto requiere un análisis meticuloso sobre cómo usamos algunas partes del cuerpo, especialmente en aquellas que son fuente de dolor o incapacidad funcional. Pues cuanto más nos reiteremos en la mecánica que perjudica a una articulación, a mayor carga la someteremos y mayor desgaste provocaremos en la misma.

El primer obstáculo, a este respecto, es la falta de conciencia que poseemos de algunas regiones orgánicas, y cuyo aumento de sensibilidad es un reclamo de las mismas para que las atendamos. Una rodilla dolorosa es, por tanto, una articulación que demanda atenciones. La forma en que cargamos el peso sobre ella, la manera en que pisamos o la posición a la que la sometemos durante periodos prolongados, son sólo algunos de los aspectos a considerar si queremos fomentar el bienestar en ella.

Es importante centrarse en elementos prácticos como estos, dejando a un lado misticismos improductivos, si queremos hacer del Taichí una herramienta de mejora corporal. Porque con un cuerpo sano y enérgico es más fácil abordar contenidos sutiles y mentales, relacionados con el Desarrollo Personal o el auto-conocimiento.


lunes, 23 de septiembre de 2019

Tuishou: la parte emocional del Taichí

La gestión emocional no siempre pasa por un trabajo psicológico en el que se trata de buscar, en lo profundo del inconsciente, que mecanismos nos hacen sentirnos de una u otra manera. A veces, afrontar las propias emociones es algo tan simple como dejar que surjan en su principal campo de expresión: las relaciones interpersonales.

En la práctica del Tuishou (empuje de manos), cualquier emoción que estemos experimentando se pone en evidencia, se magnifica y podemos percibir cómo influye a nivel físico. La más evidente de todas es la emoción del miedo, y también la mas difícil de admitir. Ante el temor a que nos hagan daño, aunque sea mínimo pues estamos en un entorno controlado, los músculos se tensan, las articulaciones se bloquean y así, el dolor tiene más probabilidades de aparición. Reconocer que tenemos miedo cuando nos tensamos ante una técnica en la cual nos inmovilizan el brazo y nos llevan el hombro al limite de su movilidad amenazando con una luxación, por ejemplo, no es sencillo. Porque admitir el miedo es admitir nuestra vulnerabilidad y nuestra indefensión, lo que resulta algo contrario con la fortaleza y seguridad que, supuestamente, debería aportarnos una práctica marcial.

La tristeza nos lleva a un estado de relajación tan extremo que tampoco nos permite desplegar la actitud dinámica necesaria para seguir los movimientos. Nos vuelve sensibles, sí, pero a costa de reducir nuestra energía y nuestra capacidad de respuesta. Además, hacer Tuishou con alguien que está triste es extremadamente delicado, pues todo desequilibrio físico que se le provoque, puede llevarle a un estado anímico mucho más angustioso, e incluso depresivo.

La alegría también tienen su lado contraproducente. La cara oscura de la alegría es el estado maníaco, que tiende a volver al practicante de artes marciales mas agresivo, temerario y brusco de lo habitual. En este estado, algunos entran en un peligroso juego donde no diferencian entre la práctica consciente y la lucha real. Y esto puede perjudicar a quién tengan delante, pero también a su propio organismo, pues el ansia por lograr sentirse "victoriosos", le provoca muchas tensiones musculares, sobre todo en la espalda y el el cuello.

La ira es probablemente la emoción que más activación fisiológica provoca. Cuando hablas con alguien muy enfadado es fácil llegar a una discusión, y que ésta resulte improductiva para ambas partes. En la práctica de Taichí en pareja, un estado colérico puede desencadenar en una pelea real, con un alto riesgo de lesiones. Gestionar la práctica con alguien enfadado es un desafío complicado, pero más aún gestionar la propia ira para que no nos induzca a hacer algo que pueda dañar al otro y a nosotros mismos.

Otra emoción que afecta a las relaciones interpersonales y a la práctica del Tuishou es la aversión o el asco que podamos sentir por quién tenemos enfrente. En ella, el otro pasa a ser algo inferior, y al que podemos agredir, despreciar o humillar con facilidad. Rompemos así el equilibrio yin-yang que deberíamos mantener con nuestro compañero, y nos limitamos a realizar todas las técnicas, empujes y agarres que queramos, sin permitir que él pueda trabajar. Esta actitud nos aporta una falsa sensación de superioridad, de que somos mejores y de que el otro (pobre principiante), debe "tragarse" todo lo que le hagamos con la esperanza de que pueda aprender algo.

La gestión emocional pasa por una serie de fases que pueden ser útiles seguir si queremos iniciar este proceso. Si bien no son todas necesarias, ni es preciso seguir esta secuencia, aquí propongo unas pautas básicas:

  • Reconocer la emoción: Es básico admitir que hay emociones que nos afectan. Si el hombro se tensa cuando nos agarran el brazo, es que tenemos miedo a que nos hagan daño, ¿por qué habríamos de tensarlo si no fuera así?
  • Expresar cómo nos sentimos: Hay que tener valor para verbalizar cómo uno se siente. Pero en ese acto de expresividad ponemos sobre la mesa aquello que nos interesa trabajar, lo evidenciamos y a partir de ahí podemos trabajar con ello. "Estoy reaccionando con brusquedad porque estoy alterado"; sólo esa afirmación ya logra suavizar la brusquedad.
  • Calibrar el afecto en nuestro organismo: Valorar la dimensión corporal de una emoción requiere mucha sensibilidad, y también aporta una conexión más directa con el organismo. Reconocer que nos sentimos torpes, lentos o imprecisos en la práctica es habitual, aunque nos siempre sepamos que tipo de ánimo nos induce a estar así.
  • Equilibrar la tendencia corporal: Si se me tensa el hombro, me concentro en relajarlo, independientemente de lo que haga el compañero, y no trato de hacer nada más. Si siento que el otro es inferior o de menor nivel, dejo que me haga técnicas y procuro no responder con contundencia a sus movimientos. Si me siento alterado y mi activación está intimidando al otro, trato de moverme con el máximo cuidado y lentitud para ir apaciguando esa energía. Es decir, equilibro la tendencia emocional que provoca la emoción, y así aprendo a gestionarla a nivel corporal, sin necesidad de tener que buscar mecanismos psicológicos ocultos.
  • Hacer un balance de nuestro trabajo: El éxito no radica en ganar al otro desequilibrándole o inmovilizándole el brazo, sino en lograr que mi práctica me centre, me relaje y me permita disfrutar con plenitud del Tuishou. Por eso, hemos de estar conscientes de si lo que hacemos es una inercia corporal, fruto de alguna emoción que nos domina, o fruto de la conciencia de sentirnos y sentir al otro como dos seres complementarios que aportan algo el uno al otro.


En este punto abrimos la puerta al aprendizaje, a una mejor relación con los demás y, sobre todo, a al bienestar que se deriva de conseguir gestionar las propias emociones.


viernes, 13 de septiembre de 2019

Beneficios de la Gimnasia Postural

El dolor de espalda y cuello es una de las principales causas de baja laboral en los países occidentales e industrializados. La causa principal se debe a manejar la columna en unas posturas que no son las más idóneas para las vértebras.

Socialmente, se ha impuesto la posición de estar sentado como la más adecuada para trabajar, hablar con los demás, alimentarse o realizar innumerables actividades de ocio. De hecho, no concebimos muchas de estas actividades sin la postura de sedestación. Sin embargo, estar sentado es algo relativamente nuevo en la existencia y evolución del ser humano como especie.

El verdadero problema de permanecer mucho tiempo sentado es la deformación de las curvas fisiológicas de la columna vertebral. Mientras estamos sentados podemos no notar nada especial, a no ser que tengamos ya un problema grave. El dolor aparece al incorporarnos, que es cuando nuestra columna no es capaz de recuperar una alineación que facilite el movimiento. Y así surge la frase "es que yo no puedo estar mucho tiempo de pie", y se vuelve uno a sentar para evitar el dolor, pero también para seguir deformando la espalda. Se potencia así una mayor alteración vertebral y se aumenta el riesgo de dolores.

La Gimnasia Postural puede ayudarnos a recuperar un equilibrio corporal más natural, que permita un movimiento más fácil y que alivie buena parte de las molestias de espalda. Sus técnicas consisten en suaves estiramientos, automasajes y, sobre todo, posicionamientos vertebrales. A menudo, para contrarrestar el efecto nocivo de estar ocho horas o más sentado y encorvado, sólo tenemos que tumbarnos en el suelo y dejar que la columna se vaya realineando poco a poco (ver figura).
Alineación vertebral por posicionamiento

Para realizar correctamente este posicionamiento, la superficie ha de ser mullida pero firme. La cama, por ejemplo, al ser demasiado blanda, absorve las curvas y deformaciones que hemos creado, por lo que no llega a ejercer una presión suficiente. Una esterilla en el suelo o una manta doblada puede aportarnos ese equilibrio entre firmeza y suavidad para nuestro objetivo.

Una vez aquí, simplemente hemos de respirar tratando de sentir como se dilata toda la espalda al inspirar, y como se relaja y expande en el suelo al espirar. Entre 10 y 15 minutos al día pueden ser suficiente para cambiar la relación que tenemos con nuestra espalda, y hacerla más cordial y agradable.