lunes, 27 de diciembre de 2010

una jornada intensiva


El pasado domingo, 26 de diciembre, tubo lugar en el centro "eltai" una jornada intensiva de Taichi. Aprovechando la aparente "intrascendencia" del día posterior a la Navidad, se planteó la posibilidad de dedicar este día a practicar durante varias horas.

Este tipo de entrenamiento supone una comprensión diferente del Taichi, pues te evidencia con mayor intensidad las consecuencias que cada movimiento, postura o técnica implican en el propio organismo. Poder realizar una misma rutina varias veces seguidas, desde prespectivas distintas, te hace sentir las secuencias de una forma distinta: agradable a veces, molesta en ocasiones y hasta sorprendente, en algunos momentos.

Desde aquí quiero felicitar y agradecer a todos los participantes su implicación para consigo mismos al formar parte de esta experiencia, y animarles a alcanzar mayores niveles de comprensión corporal mediante la perseverancia en este arte interno.

lunes, 20 de diciembre de 2010

la práctica eterna


Hay días en que no haría otra cosa..., enlazaría una coreografía detrás de otra hasta que mis piernas transformaran su percepción de esfuerzo en una agradable vibración, y el calor que generan los muslos llenara cada recoveco del organismo.

Parar en algunas posiciones y, como me ha dicho una buena alumna: "Llegar a trascender la postura". Comprender que no hay desgaste físico cuando se traspasa esa Comprensión Corporal que te conecta con el suelo en el que te asientas, con el aire que te dilata el abdomen y con la invisible fuerza ascendente que te hace enderezar la columna, aún cuando la gravedad tira implacable hacia abajo.

Olvidarse del aspecto que adoptan los movimientos, sólo sentirlos dentro, donde la percepción es tan vasta y penetrante que anula el pensamiento, pues sumido en esa sensación no parece haber ideas sobre las que reflexionar.

Y así, el cuerpo pasa a estar en armonía con el invierno: lento, oscuro y silencioso, como un paraje nevado en el atardecer. Frío y estático por fuera, pero con millones de cálidos seres, ocultos y mudos, sin cesar de moverse en sus madrigueras. Igual que las incansables células del organismo, pues el frío no entra en quién consigue interiorizar el Fluir del Movimiento...

lunes, 13 de diciembre de 2010

vacía, pero no vacante


De todos los libros que constituyen el casi ilimitado "canon taoísta", existe uno cuya relevancia ha sido puesta de manifiesto por muchos autores, entre ellos Carl G. Jung, psicólogo e investigador que ha relacionado en muchos trabajos la relación existente entre los mecanismos de la mente y las mitologías y leyendas de la antigüedad. Este libro es el denominado"Tratado de la Flor de Oro".

En el texto podemos leer frases como esta: "Cuando la mente está vacía pero no vacante, a esto se le llama verdadero vacío; cuando la mente está ahí pero no está cosificada, a esto se le llama existencia sutil. No es quedéis a un lado y entraréis en el camino del medio. Entonces tenéis una base para acceder a la virtud." (Traducción de Thomas Cleary, Editorial Edaf)

Tal es la dimensión de estas frases, que sería inútil pretender dar una explicación, ya que cada cual ha de encontrarla por sí mismo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

encontrar el estímulo




Llega un momento en la práctica del taichi en que uno cree haber llegado a un límite, a un punto a partir del cual parece que no vaya a existir más progreso significativo. Se ven vídeos en los que aparecen auténticos expertos haciendo con su cuerpo movimientos y posturas deslumbrantes, y uno cree que jamás podrá llegar a tales niveles de maestría corporal.

Esto se aprecia mucho en alumnos que dan la sensación de ir a clase sin ningún tipo de ilusión por aprender algo más, y se limitan a practicar como un manera de hacer ejercicio rutinaria y obligada. Lamentablemente, ese estado supone un rechazo total al espíritu propio del taichi.

Cuando un instructor explica algo nuevo o resalta un aspecto relevante, aunque no sea diferente a lo habitual, lo hace por la importancia que supone en la práctica. Cuando un alumno no atiende este tipo de aspectos no está, realmente, faltando al respeto a su instructor, aunque muchos lo expresen de esta manera, tan sólo está faltándose al respeto a sí mismo. La razón es, precisamente, la falsa creencia de no poder ir más allá del punto en el que se está, es decir, la falta de confianza en sus posibilidades.

Es entonces cuando el instructor debe buscar el estímulo que incite al alumno a avanzar un poco más. La palabra estímulo viene del latín "stimulus", que quiere decir aguijón, con lo que se puede entender ahora la necesidad que surge de "aguijonear" a los propios alumnos para inducirles a ir un poco más lejos de donde ellos creen poder llegar. Para esto es preciso, a menudo, agitar el ánimo del practicante para impedir que se acomode en su desidia. Es así como se puede entender el aparente enfado y las justificadas broncas que un buen profesor de cualquier disciplina corporal debe provocar para lograr el estímulo que induzca el aprendizaje de sus alumnos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

meditando la Dualidad

la máxima dualidad
radica en hacer sin hacer,
en avanzar sin caminar,
en ser capaz de crecer
sin el ansia de llegar...

moverse a todos lados
permaneciendo en el sitio,
lentamente hacer el tránsito
sin aferrarse al destino,
sin omitir el Camino.

lunes, 15 de noviembre de 2010

fluir


Fluir, es mucho más que hacer movimientos suaves y armoniosos, es un estado mental en el cual impides que los pensamientos y las emociones te bloqueen. El cuerpo se tensa cuando nos aferramos a una preocupación, y esas tensiones limitan la fluidez de cada gesto.

Cuando fluyes no piensas quien te critica o quien te halaga, no haces conjeturas sobre las repercusiones que tendrá tu práctica ni te imaginas alcanzando ningún logro, simplemente fluyes...

El río no piensa donde acabará su trayecto, tan sólo fluye y de esta forma va abarcándolo todo. Sin pretensiones, sin alardes, únicamente el tránsito continuo hacia abajo, serpenteando alrededor de los obstáculos que surgen en el camino.

Es por eso que resulta tan difícil ser capaz de fluir cuando lanzas un puñetazo. Contradicción aparente, que un impacto sea realizado de forma fluida, tal y como se persigue en el Taichi. Es entonces cuando debemos recordar que el río no golpea la roca, la desborda hasta dejar anulada su capacidad de contención.

En el momento que queremos hacerle daño a alguien, dejamos de fluir tensando nuestro cuerpo, pues el pensamiento agresivo que albergamos es pura tensión mental y física. Y cuando no hay fluidez, deja de haber Taichi.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Chen Xiaowang en Bilbao


El pasado fin de semana visitó nuestra ciudad el gran maestro Chen Xiaowang. Organizado por la Escuela de Taichi de Abanto, pudimos vivir la experiencia de entrenar con uno de los mayores representantes del estilo "chen", heredero directo de una enorme tradición familiar comprometida con este antiguo arte marcial.

A pesar de la seriedad que muestra el maestro en casi todas las fotos en que aparece practicando Taichi, los asistentes fuimos obsequiados con la naturalidad y el sentido del humor que caracteriza a los verdaderos maestros de cualquier disciplina. Especialmente entretenida y divertida fue la exposición y explicación de sus caligrafías, así como las demostraciones marciales en las cuales, a pesar de su contundencia y eficacia, el maestro bromeaba y reía de manera que ninguno de los presentes podíamos evitar ser contagiados por esa alegría.

Poder realizar con él la primera serie del estilo antiguo (lao jia yi lu), ha sido una experiencia enriquecedora desde el punto de vista técnico, gracias a sus precisas correcciones, y desde el punto de vista humano, gracias a su espíritu tranquilo y cordial. Lo sorprendente del evento es la escasa participación de practicantes no vinculados a la escuela que organizaba el curso, lo cual me hace preguntarme lo obcecados que están muchos amantes del Taichi con su estilo particular, hasta el punto de no valorar las enseñanzas de maestros ajenos a sus propias escuelas. Este curso ha sido, desde mi punto de vista, una ocasión que ningún instructor o alumno veterano de taichi de Bizkaia debería haber dejado pasar.

Cuando, tras acabar el curso, salíamos del aparcamiento montados en el coche, Chen Xiaowang se quedaba el acera, adoptando la posición del "abrazar el árbol", y se despedía de nosotros con una amplia sonrisa. Esperemos verle pronto por aquí.

miércoles, 20 de octubre de 2010

la docencia del taichi


Uno de los mayores retos cuando impartes clases de Taichi es afrontar grupos cuyos alumnos poseen capacidades muy diferentes y un grado de experiencia dispar. Así, en una misma clase se juntan integrantes nuevos sin nociones previas de taichi, otros que llevan unos meses y algunos que cuentan su tiempo de práctica por años. Esta situación es muy frecuente en octubre, cuando muchos se inician en este arte o retoman su entrenamiento tras varios meses de parada.

Cuando esto sucede, la pedagogía deportiva recomienda dividir la clase en talleres donde ubicar a los alumnos según su nivel, y darles una tarea en función de sus necesidades de aprendizaje. Esto supone para el instructor un esfuerzo mayor, ya que tiene que desdoblar su atención de manera que pueda supervisar, por turnos, el desempeño de cada uno de los grupos.

Es importante que en cada grupo se establezca uno o varios objetivos concretos, de forma que cada cual sepa si alcanza o no lo que se le ha encomendado. En el taichi, como el mayor parte de las artes marciales en las que se trabajan coreografías o formas, el trabajo principal consiste en que cada uno evalue hasta donde es capaz de realizar la rutina de movimientos que esté aprendiendo sin ayuda de nadie, es decir, cuanto es capaz de hacer por sí mismo.

Entonces es cuando surge una curiosa situación, y es que muchas personas son incapaces de hacer unos pocos movimientos sin que alguien les marque la pauta. Tal momento de incapacidad funcional puede llegar a ser frustrante para el alumno, y el instructor ha de estar muy atento a tal evento, pues puede inducir al practicante a perder su interés por lo que practica. Por eso, independientemente de los grupos que se hayan creado, es fundamental no perder la dedicación individual hacia cada alumno, pues su estado anímico y físico es único y diferente del resto.

Aquí es donde la docencia del taichi se llega a convertir en un arte: el arte de saber darle a cada alumno las instrucciones precisas y específicas a su momento de aprendizaje. De nada vale en un instructor decir que es la pereza o la falta de interés de sus alumnos la que impide su progreso. Si están en clase es porque quieren realmente aprender; es más, si están en TU clase es porque quieren que TÚ les enseñes.

jueves, 7 de octubre de 2010

la estética del taichi

Es difícil concebir el taichi sin que su práctica muestre cierta armonía estética. La fluidez de los movimientos deriva, casi siempre, en una vistosidad que hace parecer el taichi más cercano a la danza que a las artes marciales. Por eso, es importante no olvidar su origen y el sentido de cada posición y gesto.

Cuando lo que se busca es la belleza de las posturas, es muy fácil perder la mecánica real de los movimientos y la dirección hacia donde se dirige la fuerza. Por ello, este aspecto en el cual se busca el equilibrio entre la fluidez y la intención, se perfila como una tarea más de trabajo a las muchas que, ya de por sí, tiene el taichi.

Posar es mostrar una actitud corporal en la que se pretende transmitir una imagen determinada a los demás. Crear una pose siempre implica más tensiones de las necesarias para hacer un movimiento, por lo que uno se aleja del objetivo fundamental de relajación que lleva implícita la práctica del taichi. Por eso, la pregunta que nunca debemos dejar de hacernos, sobre todo cuando somos instructores, es: "¿Lo hacemos por el beneficio del organismo o para que los otros admiren lo que hacemos...?

lunes, 20 de septiembre de 2010

sindrome postvacacional


Hay días que parece que no, que al cuerpo le da por no sentirse cómodo con las tareas que uno quiere o debe realizar, y decide establecerse en un tono apático y pasivo. Entonces la mente piensa: "Pobre..., necesita descansar." Y consiente con la demanda corporal pasando el día en actitud estática.

El cuerpo, sintiéndose triunfador, incrementa aún más su pasividad: Bosteza, se acomoda, y va ralentizando sus procesos orgánicos. Las mecánicas de movimiento articular se ven inhibidas y, de esta forma, los fluidos corporales dejan de estar estimulados: El flujo sanguíneo, el linfático, la lubricación que ejerce el líquido sinovial, etc.

El descanso es necesario. La cuestión que surge aquí es: ¿Cuanto descanso es necesario? Cuenta la leyenda que Confucio paseaba con algunos de sus discípulos y uno de ellos le preguntó: ¿Debemos trabajar constantemente sobre aquello a lo que aspiramos, o debemos darnos periodos de descanso? La respuesta de Confucio fue un gesto con la mano, mediante al cual señalaba al cementerio. Lo discípulos y su maestro siguieron caminando en silencio...

Lo que Confucio quiería dar a entender es que tiempo habrá de reposar cuando nos hayamos muerto. La vida es para vivirla y desarrollar todo aquello que queramos desarrollar. En nuestra sociedad existe un mito acerca del cual se cree vivir mejor cuando no se hace nada, cuando se descansa, o cuando se abandona la actividad laboral. Se sobreestima el periodo vacacional con la idea de que, en esa pausa laboral, uno se carga de energías. Sin embargo, uno se carga de energía cuando hace algo que potencia esa energía (llamalo potencial, vitalidad o como quieras...) Al cambiar de entorno uno se ve inducido a cambiar de actividad, y en la medida que esa actividad le potencia, su energía aumenta. Quienes pasan todas sus vaciones literalmente "parados" son quienes realmente padecen lo que se llama "síndrome postvacacional", que no es más que el esfuerzo por recuperar el funcionamiento de un engranaje corporal que ha permanecido significativamente inhibido.

Muchas personas buscan la vitalidad en un descanso pasivo, sin estimular aquellas actividades que realmente pueden favorecer su propia energía: Estirarse, pasear por el monte, nadar, etc. De esta manera, llega septiembre con la sensación de haber tenido adormecido el cuerpo y la pregunta que cada cual debe hacerse es: ¿En que medida mi descanso ha servido para recuperar energías o para anularlas?

jueves, 2 de septiembre de 2010

La hora del taichi


Es sutil, muy poca gente se puede dar cuenta. Estoy en la cola del supermercado y de forma casi imperceptible flexiono mis rodillas, hago bascular la pelvis y asiento mi posición en la fuerza de las piernas. La planta del pie se expande en el suelo, relajando todos los tendones y abriendo las articulaciones que unen sus 26 huesos. Con disimulo, visualizo una línea vertical a lo largo de toda la columna con objeto de enderezar el eje de equilibrio y, de esta forma, se van aflojando las tensiones de la espalda. Abro la mano, con suavidad, como si no quisiera realmente abrirla, y la sensación de flujo sanguíneo (energía, que dirían algunos) va llenando todos los dedos...

Llega un momento en que no necesitas tener una hora específica para hacer taichi. Cualquier lugar en el que estés de pie te puede servir para trabajar los fundamentos posturales de este arte. Puedes combinar la respiración, dirigir la conciencia a la parte del cuerpo que desees e incluso, si tienes espacio para ello, jugar a cambiar el peso de una pierna a otra sin perder la estructura. Y todo esto sin alardes, sin figuras ostentosas ni una pose mística.

Integrar el taichi en la vida diaria es mucho más fácil de lo que pueda parecer al principio. Sí que es fundamental entender los aspectos posturales, porque ellos son los que posibilitan la estructura corporal correcta, desde la cual afrontar cualquier tarea física, por compleja que sea. Si el taichi se entiende como la mera memorización de unas coreografías donde el recorrido de los movimientos es lo prioritario, estaremos confundiendo la "apariencia" del taichi con la "esencia" del taichi, desde la cual se puede realizar cualquier rutina de movimientos.

Al igual que muchas otras cosas en la vida, en el taichi es mucho más importante lo que no se ve, que lo que aparece a simple vista.

lunes, 12 de julio de 2010

desapego corporal


En el taichi la práctica del desapego, tan predicada por muchas religiones y filosofias orientales, se intenta llevar al propio manejo corporal. De esta forma, al moverte percibes que la mayor parte de las tensiones musculares son estorbos para una práctica suave y fluida, que el intento de parecer fuerte implica una rigidez que dificulta los movimientos, y que la busqueda de una apariencia estéticamente vistosa conduce a una postura elevada y fragil.

Por eso el Tao Te King dice:

"El hombre es blando y flexible al nacer,
pero cuando muere es rígido y firme.
Las plantas cuando brotan, son tiernas y delicadas,
pero cuando mueren estan secas y marchitas.
Lo rígido y firme pertenece a la muerte.
Lo blando y flexible, pertenece a la vida."

Al desaparecer el deseo de la representación externa, uno puede concentrarse en su desarrollo interno. Al dejar de importar cómo verán los demás nuestros movimientos, perfeccionamos cada vez más nuestra relajación y nuestra sensibilidad. Nos desapegamos de las formas, de las tensiones, y así vamos quitando todo lo que impida un manejo del cuerpo natural y eficaz. Practicamos continuamente el desapego corporal. De esta manera, nos acercamos a la vida, nos alejamos de la muerte...

jueves, 17 de junio de 2010

vanidad y taichi




Toda labor divulgativa e instructiva tiende a sacar el lado más vanidoso de cada cual. El hecho de sentirse escuchado con atención, de saberse observado y de influir, en cierta medida, sobre la opinión de los demás, hace que caigamos con facilidad en el cenagoso terreno de la vanidad, donde uno queda atrapado creyéndose libre.

En el taichi, la situación invita en sobremanera a ser vanidoso. Prueba de ello son las innumerables escuelas en las que el profesor posa orgulloso acompañado de maestros chinos con luminosos trajes, en posturas semi-acrobáticas o con armas intimidatorias como el sable o la alabarda: Auténticos repertorios del ego que a muchas personas podrían servirles de estímulo a su autoestima pero que, en estos casos, sólo sirven para enorgullecer a una personalidad que ya está lo suficientemente enorgullecida.

En verdad que cuesta mucho ser humilde cuando impartes taichi. Difícil impedirse a sí mismo el hacer demostraciones irrelevantes de "ese movimiento que nos sale tan bien". Complicado no jactarse de la "tremenda percepción del flujo energético" y demás cosas por el estilo. Y ya no vamos a mencionar esos alardes al hacer empuje de manos con algún alumno que se deja hacer de todo, cual muñeco de trapo. Trabajarse la humildad es, con mucha diferencia, la tarea personal que mayor necesidad tenemos quienes nos dedicamos a este tipo de labores pedagógicas.

Por ello, es preciso tomar conciencia de algo fundamental: Para ser escuchado, hay que escuchar; para ser obedecido, hay que obedecer; para mandar, hay que saber servir. Realmente, todos los que impartimos clases de taichi, somos los sirvientes de quienes demandan la enseñanza de este grandioso arte corporal. Prestamos un servicio, más o menos remunerado, y esta posición no debe jamás eclipsarse con actitudes como la de no querer dar clase a quien no sea "digno de la enseñanza" o ignorar a quienes "no demuestran el suficiente respeto". El taichi se ha convertido, afortunadamente, en un patrimonio de la humanidad, y al que todo el mundo debería poder acceder con facilidad. Ese es nuestro principal cometido: servir a quienes demandan su práctica.

jueves, 10 de junio de 2010


A menudo me he preguntado, siendo alumno, porque no me eran transmitidas algunas enseñanzas que a otros alumnos sí les eran otorgadas. No era cuestión de veteranía, ni de respeto, aunque ambas son importantes para acceder a algunos conocimientos, sino una cuestión de predisposición. Si el alumno no está predispuesto a asimilar algo, da igual las veces que se lo repitas, eso que se le quiere enseñar jamás le llegará.

Cuando llevas muchos años siendo instructor, aprendes que el lenguaje corporal de los alumnos muestra como sus mentes reaccionan al tema del que les hablas. En los gestos faciales y en la pose se leen aprobaciones, desacuerdos, fascinación y repulsión por lo que dices. No hace falta que sea verbalizado. Esto hace que, al hablar de un tema concreto, tiendas a extenderte en el mismo o ha dejar de profundizar, en función de la predisposición o ausencia de ella que exista entre los oyentes. Es una acto reflejo que todos realizamos. Si al contarle a un amigo lo que hemos vivido en vacaciones, se pone a bostezar y a mirar hacia otro lado, no nos invita a seguir hablando, pues no crea la predisposición necesaria para ello. Los instructores de taichi, como humanos que somos, actuamos de la misma manera.

A pesar de ello, y aún en contra de las muecas labiales que el alumnado exhiba, procuro siempre transmitir aquello que quiero transmitir y, una vez expresado, valoro subjetivamente si existe o no la predisposición suficiente para extenderme más en el asunto. Es por eso que, tras comenzar a realizar una nueva rutina, decido a veces dejar de hacerla a la espera de un mayor interés. Pues tener que aprender algo sin interés no sólo es aburrido, además resulta extremadamente frustrante.

"Todo lo que recibimos, lo recibimos cuando hemos realizado la apertura adecuada para integrarlo en nosotros mismos."

lunes, 31 de mayo de 2010

el abstracto concepto del "qi"



La manera de entender como funciona el taichi está, para muchos instructores, basada en fundamentos de medicina tradicional china, donde el concepto de “qi” (chi) cobra un papel prioritario. Desgraciadamente, estos esquemas no son de fácil comprensión para la mente occidental y, además, son propicios para hacer divagaciones de índole mística que normalmente no ayudan a desarrollar la parte más terapéutica del taichi.

Es por ello que conviene entender la base biomecánica del cuerpo humano para poder explicar de una forma clara, racional y mesurable, que sucede realmente cuando ejecutamos tal o cual movimiento. Cuando un instructor te dice que el dolor que tienes en la espalda o la rodilla es por un "bloqueo energético de tu qi", no te está mintiendo, pero tampoco te está aportando nada útil para solventar ese dolor. Por ejemplo, la típica molestia que se produce en la parte anterior de la rodilla, es causada por cargar el peso en la punta del pie, forzando así el tendón rotuliano. Claro que también es un bloqueo del "qi" en el meridiano del estómago, dentro del cual se ubica el músculo cuádriceps que se activa al flexionar la rodilla..., y podemos seguir con esta lógica en cada uno de los dolores del cuerpo. Todos ellos tienen una explicación occidental y oriental.

Lo que un profesor explique en clase, debería poderse corroborar en los diversos textos de anatomía, fisiología articular o medicina, y no mediante explicaciones basadas en el abstracto concepto de “energía”, que cada cual tiende a interpretar a su manera. Desde esta perspectiva, ambas formas de entender la salud se fusionan para aportar una mayor comprensión corporal.

jueves, 20 de mayo de 2010

la nieve en el lago


La lección más difícil de aprender es aquella que ya creemos saber. O dicho de otra manera: Nada genera más obstáculos al aprendizaje que creerse poseedor de algún conocimiento.

La práctica del taichi implica una evaluación continua de nuestras aptitudes y destrezas. Cada clase debería ser como la primera, comprobando si hemos alineado todos los aspectos de nuestra estructura física. Un perpetuo comenzar desde cero.

No parece haber un progreso aparente, pero cada día de entrenamiento nos vamos empapando de sus virtudes terapéuticas. No parecen adquirirse ningún tipo de conocimiento, aunque nos estamos continuamente enriqueciendo. Por eso el desarrollo del taichi parece no tener comienzo ni final.

Lo que se adquiere con el taichi es como la nieve que lentamente va cayendo sobre el lago; simula desaparecer, pero va fundiéndose lentamente en el agua y formando parte de ella.

jueves, 13 de mayo de 2010

dejarse en paz a sí mismo




El taichi ha atraído a innumerables practicantes de otras artes marciales: karate, taekwondo, kungfu, etc. Algunos buscan en su práctica seguir trabajando la destreza corporal que han desarrollado en ellas, añadiendo un componente de relajación. Otros, a medida que van aumentado la edad, persiguen un entrenamiento más acorde a sus posibilidades físicas, ya que resulta temerario ponerse a dar patadas saltando con determinados años. Hay a quienes, simplemente, el taichi les facilita una comprensión de su cuerpo más precisa, y que les enrriquece el desarrollo de su arte marcial específico. Todos los que llegamos al taichi desde otra disciplina cometemos un error muy relevante y significativo: Pensar que el taichi es igual que otra técnica marcial pero más lento. Nos suele costar renunciar a ese brazo firme y tenso, a sacar el pecho fuera o a fruncir el ceño con la falsa idea de crear, así, un movimiento más fuerte e intimidatorio. ¡Qué gran error cometemos!



Tras siete años de realizar un tipo de taichi rígido, que no era otra cosa que kungfu ralentizado, tuve que aprender a eliminar todas las tensiones musculares innecesarias para realizar cada movimiento, suavizar cada gesto y encontrar el equilibrio sin que pareciera que tenía la espalda atada a una escoba. Esto supuso renunciar a varias de las coreografías que conocía, y centrarme en unas pocas rutinas más simples, que me permitieran quitar todo aquello que sobraba en mi manejo corporal. En la "técnica Alexander" a esto le denominan "dejarse en paz a sí mismo" (ver el libro "El cuerpo recobrado" de Michael Gelb).



Salvo los casos en que se practica taichi para la competición, el objetivo del taichi nunca ha de ser la apariencia externa ni el intento de proyectar una imagen poderosa de uno mismo. No es como hacer karate a menos velocidad, ni es un baile en el que crear gestos vistosos. El verdadero trabajo y los verdaderos objetivos del entrenamiento empiezan y acaban en el interior de quien practica. Si lo que quieres es impresionar a los demás, quizá es mejor que practiques danza acrobática o malabares con pelotas de trapo; en el taichi es más importante lo que uno siente, que lo que uno representa. Por eso se considera un arte marcial de tipo interno, porque el verdadero logro está dentro de cada uno.



Realmente, el taichi es una gimnasia sutil, el zen aplicado al ejercicio físico o, de forma más técnica, la ciencia de moverse con el máximo de eficacia y el mínimo de esfuerzo. Para hacer bien taichi hay que aprender a ser vago, pero ser vago es un arte que pocos dominan...

martes, 27 de abril de 2010

cuestionando al instructor




Siempre hay que cuestionar las palabras del instructor. Practicar taichi "a ciegas", poniendo toda la fe y la confianza en ejercicios cuyo sentido no se entiende, sólo conduce a estancarse en rutinas que impiden la evolución corporal. Como alumno, estás necesitado de hacer preguntas si deseas avanzar, y como instructor, estás obligado a dar respuestas y, si no las tienes, afinar la comprensión de tu enseñanza para encontrarlas.


Los alumnos que cuestionan las palabras de su profesor son una autentica bendición para él, pues le fuerzan a tener perfectamente claros los conceptos que fundamentan la práctica del taichi. Son los baremos que le incitan a revisar sus teorías pedagógicas y a perfeccionar su forma de impartir las clases y la manera de enfocar su propio entrenamiento. Sin embargo, existe un tipo de alumno cuya forma de cuestionar es especialmente significativa. Ese alumno que parece criticar todas y cada una de las frases que el instructor pronuncia, y que salpica las clases con continuos bufidos de desaprobación y gestos de queja, sin saber las consecuencias que ese tipo de queja puede tener en su propio organismo. Ese alumno, por irritante que pueda parecer al profesor y al resto de compañeros, también es una bendición, pues ese alumno es el que aparece para evaluar las aptitudes del instructor, su entereza y su tranquilidad. Yo los denomino "alumnos desafío", y se hacen más evidentes cuanto mayor es la implicación del profesor en su enseñanza.

Lo más fácil es evitar este tipo de alumnos, seguir impartiendo las clases de forma habitual y esperar a que, tras semanas de ignorarlos, acaben por abandonar la escuela. Pero lo realmente estimulante e instructivo como monitor de taichi, es conseguir acceder a las razones que les incitan a comportarse de esa manera. Algunos lo hacen por verdadero afán de entendimiento, por comprender hasta los más sutiles fundamentos de lo que practican; otros por que se sienten tan poco hábiles que apelan a la atención del instructor en un intento de solicitar ayuda; también hay quienes se apuntan a taichi a la espera de que les aporte algo y, al no ver efectos inmediatos en su sensación corporal, optan por hostigar con actitud crítica a su instructor. Este comportamiento rara vez es productivo para ellos pero ¡es poderosamente iniciático para el profesor! Así pues, no debemos dejar pasar, como instructores, la oportunidad que nos brindan los alumnos que cuestionan lo que enseñamos, pues en ellos pone el destino la posibilidad de mejorar como educadores y como individuos.


"Un alumno crítico es un maestro para su maestro."

jueves, 22 de abril de 2010

empuje de manos, ¿huida de alumnado?


Introducir la práctica del "tui-shou" (empuje de manos) en las clases de taichi genera, a veces, situaciones poco favorables en los grupos de aprendizaje, tanto si son principiantes como si son alumnos avanzados. El repertorio de expresiones faciales y corporales refleja claramente quien disfruta y aprende con este trabajo en parejas, y quien lo aborrece hasta el punto de plantearse seguir acudiendo a clase si tales prácticas se dan de forma habitual. A pesar de reiterar a mis alumnos que el "empuje de manos" no se puede considerar la parte marcial del taichi, ya que serían necesarios varios años de entrenamiento regular para conseguir tal objetivo, muchos lo viven, y así lo transmiten, como un ejercicio que les incomoda, que no le encuentran utilidad ni les motiva realizarlo.

No vamos a entrar en las razones personales que a cada cual le llevan a sentirse de esta manera, pues sería objeto de un estudio psicológico que aquí está fuera de lugar, sino a explicar porque es importante el "empuje de manos" al llegar a determinado nivel de conocimiento del taichi.

El tui-shou sirve para coprobar si el taichi que realizamos, con todos sus aspectos posturales de equilibrio, sigue manteniéndose aún cuando alguien ejerce una presión sobre nuestro cuerpo: ¿somos capaces de continuar relajados en tal situación? ¿perdura la fluidez de nuestros movimientos? ¿somos capaces de ser sensibles ante tal fuerza recibida? Todas estas y muchas más preguntas nos podemos hacer para darle un sentido práctico al "empuje de manos".

En definitiva, la utilidad realmente relevante es que nos enseña a hacer taichi, no sólo en la tranquilidad del entorno de las clases, donde la predisposión del ambiente favorece la relajación, sino también en una situación más cercana a la vida cotidiana, donde los "empujes" e intentos de desequilibrio sobre nuestro cuerpo y nuestra mente son habituales.

lunes, 19 de abril de 2010

eficacia sin esfuerzo


Mucha gente sólo considera haber obtenido realmente algo, cuando lo consigue con esfuerzo y sacrificio. En el taichi, sin embargo, nuestro objetivo no es lograr un físico atractivo ni desarrollar poderes extraordinarios. Simplemente nos ejercitamos de forma suave y consciente, de forma que le cuerpo vaya encontrando por sí mismo su propio equilibrio. De esta forma, evitamos todo esfuerzo con objeto de que cada ejercicio aporte más eficacia corporal y menos desgaste físico.

Parece no haber trabajo muscular en nuestro ejercicio, pero activamos todas las articulaciones del aparato locomotor. Simulamos no respirar, y así nuestra respiración se vuelve tranquila y regular. Fingimos flotar en el aire, pero estabilizamos nuestra posición firmemente en las piernas. Aparentamos estar inmóviles, aunque continuamente estamos ajustando nuestra postura para lograr el equilibrio estático. Ocultamos nuestra fuerza en posiciones que parecen ser débiles, y así la preservamos en nuestro interior.

La salud se puede lograr sin esfuerzo gracias al taichi, pero para ello es necesaria la atención continua en todo lo que se hace, y mantener una constancia en la práctica. Sin alardes en los movimientos, pero con conciencia de los mismos.

domingo, 11 de abril de 2010

el nivel de taichi


A menudo, en el mundo del taichi, se habla del "elevado nivel" que poseen algunos instructores o de la "poderosa energía" que desprenden, como si hubiera alguna forma objetiva de medir tan abstractos conceptos. En un intento de comprender lo que quieren decir muchos practicantes con estos apelativos, he intentado codificar de manera lógica una serie de parámetros de valoración:

1. La capacidad de usar el taichi como un arte marcial, para lo cual se creó originalmente.

2. La capacidad de usar y transmitir sus beneficios para la salud.

3. El desarrollo personal (psicológico o espiritual) que se logra con su práctica, y que puede verse reflejado en una imagen de autocontrol o de carisma de cara a los demás.

Para establecer el nivel marcial no hay más pauta de valoración que el combate físico; es decir, la capacidad de derrotar a tus oponentes en una pelea, con o sin reglas establecidas. Algo que parece en contradicción con el espíritu propio del taichi, pero única forma de saber si tienes dominio marcial o no.

Más delicado es saber el nivel terapéutico de tu taichi, aunque hay un baremo perfectamente objetivo: Si gozas de buena salud y te sientes vital y pleno en todo lo que haces, ciertamente tu taichi es elevado desde este punto de vista. Si padeces continuamente molestias, te encuentras a menudo cansado o falto de motivación, y eres propenso a la enfermedad, deberías cuestionarte seriamente si tu práctica es correcta. Además, si eres instructor, debes saber trasmitir que pautas te han conducido a ese estado de bienestar. Y no se trata sólo de alentar a tus alumnos a que "dejen fluir su energía libremente", sino a saber corregir en cada uno de ellos los aspectos fisiológicos que puedan estar limitando su práctica.

Aún más difícil sería establecer el desarrollo personal que se obtiene con el taichi. Existen instructores que imparten sus clases totalmente en silencio, rodeándose así de un aura de misterio. Apenas hablan, por lo que parece que viven sumidos en una total calma trascendental, ajenos al mundanal ruido. ¿Cómo saber si esto es realmente así? Autorealizarse con el taichi no es algo que provoque una apariencia externa concreta, en cada cual se manifiesta de una manera, por lo que, si quieres aprender taichi y buscas instructor, no busques "silenciosos iluminados", sino insidiosos charlatanes que no cesen de explicarte una y otra vez los principios y las pautas de este sutil arte...

martes, 30 de marzo de 2010

bilbao, taichi del siglo XVII




Como en una pélicula china ambientada en el siglo XVII, en Bilbao el taichi se vive con la intensidad de las antiguas escuelas tradicionales de artes marciales. Cada instructor enfrentado con los otros en una rivalidad con aspecto de "guerra fría". Nos miramos unos a otros sin saludarnos, pero reconociéndonos, cada cual convencido que practica el "taichi verdadero", mientras que los demás hacen "lo que buenamente pueden".

Hace un par de años el barrio de Deusto, donde yo tengo mi escuela, amaneció con innumerables paredes llenas de pintadas acusándome de sectario, gurú, pederasta (algo curioso, ya que no tengo alumnos menores de edad en mis clases) y, en definitiva, cuaquier apelativo que pudiera desprestigiar mi labor didactica dentro del taichi. No eran pintadas impulsivas ni ocasionales, sino toda un trama de frases repartida por varias calles, de considerables dimensiones y creadas por un grupo de personas cordinadas entre ellas. Con la seguridad de saber que ningún alumno mío albergaba sentimientos que pudieran inducirle a realizar aquello, supuse que una escuela de la competencia estaba detrás de ello; algo que pude corroborar una noche que pasé haciendo guardia ya que, aunque las pintadas se borraban en el día por los servicios de limpieza del ayuntamiento, aparecian de nuevo a la mañana siguiente. Alli estaban los alumnos de un conocido profesor de taichi, una especie de "sicarios" al servicio de su ¿maestro?, escribiendo frases sobre mí de forma impune y ofensiva.

Así están las cosas en el mundo del taichi bilbaino. Todavía hoy es el día que me paran por la calle y me preguntan cosas del tipo:
¿Eres tú el que va diciendo que eres el maestro de mi maestro?; algo parecido a las míticas frases de las peliculas chinos, del tipo: "Tú, has insultado a mi maestro y ahora vas a conocer la furia de mi kung-fu..." El intento de desprestigio es el arma más común e impulsiva cuando se quiere obtener el máximo control, económico y social, y se carece del carisma, la honradez y la nobleza suficiente para logarlo por uno mismo.

ausencia de trucos


Lo siento pero, desde mi comprensión, en el taichi no existe la magia, no hay trucos, no hay conocimientos ocultos ni fórmulas secretas para adquirir el dominio de este antiguo arte marcial. Por mucho que les pese a quienes pretenden preservar misteriosamente algunas enseñanzas.

Sólo la práctica regular, atenta y consciente aporta los innumerables beneficios que el taichi guarda en su interior.

Por eso, es inútil lanzar teorías complejas sobre el funcionamiento del taichi. Es inútil hablar durante horas acerca de sus mecanismos. Toda teoría necesita ser corroborada de forma empírica y tangible. Por eso, todo lo que practiquemos debe realizarse conociendo de antemano el objetivo pragmático que conlleva.

Los fundamentos teóricos del taichi son tan simples, que hasta un niño debería poder comprenderlos. Aquello que no se entienda o que el instructor no sea capaz de explicar, es tan sólo retórica improductiva.

miércoles, 24 de marzo de 2010

multiplicidad


Miles de escuelas, cientos de coreografías distintas y decenas de estilos, ¿quién practica el verdadero taichi? Es difícil saber encontrar el sentido verdadero de esta antigua disciplina física; tan difícil como saber si aquello que practicas te llevará, verdaderamente, a un estado de buena salud y te aportará una vida larga y productiva...

Entiendo el taichi como una disciplina libre y abierta a conceptos tanto orientales como occidentales, pero no como un compendio de teorías místicas que incluyan teorias tan dispares como los chakras y la física cuántica. El taichi tiene un desarrollo coherente y disponible a todo aquel que persevere en el mismo, y no está reservado a un número concreto de "alumnos iniciados".

Cada disciplina de desarrollo personal tiene sentido en un contexto determinado, y el taichi posee su propio contexto basado en la auto-comprensión corporal . El objetivo principal es, desde mi punto de vista, preservar la buena salud y fomentar una vitalidad plena. Para lograrlo, el taichi se basa en un control del manejo del cuerpo, de sus tensiones y de su equilibrio estático.

Por eso abogo por crear un taichi libre, que no esté supeditado a rutinas rígidas e intocables, pero que tampoco esté tergiversado por doctrinas que poco o nada tienen que ver con su dinámica. No hay una coreografia perfecta, ni un estilo perfecto, ni una escuela o asociación mejor o peor que otras, simplemente son distintas, y cada cual debe valorar hasta que punto un tipo de enseñanza es compatible con el camino que desea seguir o con los objetivos que anhela lograr.