martes, 30 de marzo de 2010

bilbao, taichi del siglo XVII




Como en una pélicula china ambientada en el siglo XVII, en Bilbao el taichi se vive con la intensidad de las antiguas escuelas tradicionales de artes marciales. Cada instructor enfrentado con los otros en una rivalidad con aspecto de "guerra fría". Nos miramos unos a otros sin saludarnos, pero reconociéndonos, cada cual convencido que practica el "taichi verdadero", mientras que los demás hacen "lo que buenamente pueden".

Hace un par de años el barrio de Deusto, donde yo tengo mi escuela, amaneció con innumerables paredes llenas de pintadas acusándome de sectario, gurú, pederasta (algo curioso, ya que no tengo alumnos menores de edad en mis clases) y, en definitiva, cuaquier apelativo que pudiera desprestigiar mi labor didactica dentro del taichi. No eran pintadas impulsivas ni ocasionales, sino toda un trama de frases repartida por varias calles, de considerables dimensiones y creadas por un grupo de personas cordinadas entre ellas. Con la seguridad de saber que ningún alumno mío albergaba sentimientos que pudieran inducirle a realizar aquello, supuse que una escuela de la competencia estaba detrás de ello; algo que pude corroborar una noche que pasé haciendo guardia ya que, aunque las pintadas se borraban en el día por los servicios de limpieza del ayuntamiento, aparecian de nuevo a la mañana siguiente. Alli estaban los alumnos de un conocido profesor de taichi, una especie de "sicarios" al servicio de su ¿maestro?, escribiendo frases sobre mí de forma impune y ofensiva.

Así están las cosas en el mundo del taichi bilbaino. Todavía hoy es el día que me paran por la calle y me preguntan cosas del tipo:
¿Eres tú el que va diciendo que eres el maestro de mi maestro?; algo parecido a las míticas frases de las peliculas chinos, del tipo: "Tú, has insultado a mi maestro y ahora vas a conocer la furia de mi kung-fu..." El intento de desprestigio es el arma más común e impulsiva cuando se quiere obtener el máximo control, económico y social, y se carece del carisma, la honradez y la nobleza suficiente para logarlo por uno mismo.

2 comentarios:

  1. Hola Luismiguel!!

    lo primero felicidades y gracias por todos estos proyectos de los que nos haces partícipes.

    respecto a tu publicación, permiteme este pequeño comentario.

    Aunque sinceramente me indignan los comportamientos que describes, desgraciadamente no me sorprenden.

    Permiteme que comparta una curiosa experiencia que dentro incluso de mi propio círculo de amistades me ocurrió, sino tan exagerada, si relacionada con lo que expones.

    Tengo dos amigas que hicieron tai-chi en un conocido gimnasio de Basauri, un día hablando sobre ello, me comentaban que ellas eran cinturon no se qué, y que qué era yo.

    Les respondí, sorprendida que, desconocía la existencia de cinturones y "dawns" en tai-chi, que eso me sonaba de otras artes, y que como mucho les podría hablar de formas que conocía, y armas, en todo caso.

    Ea relatarme la forma en que les daban clase con exámenes previo pago, apuntes sobre el misticismo, y meditación diaria desde el inicio (aprox. 20 min), etc.

    Cuando llegó mi turno, les dije, tonta de mi a lo mejor, que mi Sifu (jeje hacía tiempo que no te lo llamaba), me había enseñado tai chi desde la comprensión de sus efectos en mi propio cuerpo y organismo, notando la relajación y tensión de mis músculos, la corrección de las malas posturas, etc; y que no fue sino sólo hasta llevar unos años de práctica, cuando se nos ofreció la posibilidad de ahondar en conocimientos más amplios y espirituales del tai-chi. Les manifesté lo que me había impresionado esa fórmula, como gracias a ello conseguimos agudizar nuestros sentidos hasta el punto de ser capaces de percibir el recorrido del propio flujo sanguíneo por nuestro cuerpo. (y en mi caso particular, comprender una nueva filosofía de vida).

    Curiosamente, mis amigas se pusieron a la defensiva,intentando desmerecer "mi" tai-chi, por el hecho de que se ofertase desde un ayuntamiento (único argumento obvio). Aunque no entré en su juego, les dije que sin más, que era mi percepción del tai chi, y que la suya la suya, sin necesidad de darles más vueltas.

    Les propuse practicar juntas un día, pero se mostraron reacias, porque ellas tenían su tai-chi, y no estaban muy convencidas de que fuese el mismo que el mio!.

    No quise seguir la conversación ni la he vuelto a sacar. Aunque lamento que tenga que ser así.

    Tal y como dices, es curioso como siguen existiendo clanes aunque ya no familiares...

    un abrazo enorme

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  2. Y esta actitud, lejos de ser una excepción, es bastante frecuente en el mundo del taichi; la de quienes piensan que su "taichi" es el único y genuino. Pero, como dice el probervio chino:
    "Quien se sienta en el fondo de un pozo a contemplar el cielo, lo encuentra siempre demasiado pequeño".

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