martes, 27 de abril de 2010

cuestionando al instructor




Siempre hay que cuestionar las palabras del instructor. Practicar taichi "a ciegas", poniendo toda la fe y la confianza en ejercicios cuyo sentido no se entiende, sólo conduce a estancarse en rutinas que impiden la evolución corporal. Como alumno, estás necesitado de hacer preguntas si deseas avanzar, y como instructor, estás obligado a dar respuestas y, si no las tienes, afinar la comprensión de tu enseñanza para encontrarlas.


Los alumnos que cuestionan las palabras de su profesor son una autentica bendición para él, pues le fuerzan a tener perfectamente claros los conceptos que fundamentan la práctica del taichi. Son los baremos que le incitan a revisar sus teorías pedagógicas y a perfeccionar su forma de impartir las clases y la manera de enfocar su propio entrenamiento. Sin embargo, existe un tipo de alumno cuya forma de cuestionar es especialmente significativa. Ese alumno que parece criticar todas y cada una de las frases que el instructor pronuncia, y que salpica las clases con continuos bufidos de desaprobación y gestos de queja, sin saber las consecuencias que ese tipo de queja puede tener en su propio organismo. Ese alumno, por irritante que pueda parecer al profesor y al resto de compañeros, también es una bendición, pues ese alumno es el que aparece para evaluar las aptitudes del instructor, su entereza y su tranquilidad. Yo los denomino "alumnos desafío", y se hacen más evidentes cuanto mayor es la implicación del profesor en su enseñanza.

Lo más fácil es evitar este tipo de alumnos, seguir impartiendo las clases de forma habitual y esperar a que, tras semanas de ignorarlos, acaben por abandonar la escuela. Pero lo realmente estimulante e instructivo como monitor de taichi, es conseguir acceder a las razones que les incitan a comportarse de esa manera. Algunos lo hacen por verdadero afán de entendimiento, por comprender hasta los más sutiles fundamentos de lo que practican; otros por que se sienten tan poco hábiles que apelan a la atención del instructor en un intento de solicitar ayuda; también hay quienes se apuntan a taichi a la espera de que les aporte algo y, al no ver efectos inmediatos en su sensación corporal, optan por hostigar con actitud crítica a su instructor. Este comportamiento rara vez es productivo para ellos pero ¡es poderosamente iniciático para el profesor! Así pues, no debemos dejar pasar, como instructores, la oportunidad que nos brindan los alumnos que cuestionan lo que enseñamos, pues en ellos pone el destino la posibilidad de mejorar como educadores y como individuos.


"Un alumno crítico es un maestro para su maestro."