lunes, 27 de diciembre de 2010

una jornada intensiva


El pasado domingo, 26 de diciembre, tubo lugar en el centro "eltai" una jornada intensiva de Taichi. Aprovechando la aparente "intrascendencia" del día posterior a la Navidad, se planteó la posibilidad de dedicar este día a practicar durante varias horas.

Este tipo de entrenamiento supone una comprensión diferente del Taichi, pues te evidencia con mayor intensidad las consecuencias que cada movimiento, postura o técnica implican en el propio organismo. Poder realizar una misma rutina varias veces seguidas, desde prespectivas distintas, te hace sentir las secuencias de una forma distinta: agradable a veces, molesta en ocasiones y hasta sorprendente, en algunos momentos.

Desde aquí quiero felicitar y agradecer a todos los participantes su implicación para consigo mismos al formar parte de esta experiencia, y animarles a alcanzar mayores niveles de comprensión corporal mediante la perseverancia en este arte interno.

lunes, 20 de diciembre de 2010

la práctica eterna


Hay días en que no haría otra cosa..., enlazaría una coreografía detrás de otra hasta que mis piernas transformaran su percepción de esfuerzo en una agradable vibración, y el calor que generan los muslos llenara cada recoveco del organismo.

Parar en algunas posiciones y, como me ha dicho una buena alumna: "Llegar a trascender la postura". Comprender que no hay desgaste físico cuando se traspasa esa Comprensión Corporal que te conecta con el suelo en el que te asientas, con el aire que te dilata el abdomen y con la invisible fuerza ascendente que te hace enderezar la columna, aún cuando la gravedad tira implacable hacia abajo.

Olvidarse del aspecto que adoptan los movimientos, sólo sentirlos dentro, donde la percepción es tan vasta y penetrante que anula el pensamiento, pues sumido en esa sensación no parece haber ideas sobre las que reflexionar.

Y así, el cuerpo pasa a estar en armonía con el invierno: lento, oscuro y silencioso, como un paraje nevado en el atardecer. Frío y estático por fuera, pero con millones de cálidos seres, ocultos y mudos, sin cesar de moverse en sus madrigueras. Igual que las incansables células del organismo, pues el frío no entra en quién consigue interiorizar el Fluir del Movimiento...

lunes, 13 de diciembre de 2010

vacía, pero no vacante


De todos los libros que constituyen el casi ilimitado "canon taoísta", existe uno cuya relevancia ha sido puesta de manifiesto por muchos autores, entre ellos Carl G. Jung, psicólogo e investigador que ha relacionado en muchos trabajos la relación existente entre los mecanismos de la mente y las mitologías y leyendas de la antigüedad. Este libro es el denominado"Tratado de la Flor de Oro".

En el texto podemos leer frases como esta: "Cuando la mente está vacía pero no vacante, a esto se le llama verdadero vacío; cuando la mente está ahí pero no está cosificada, a esto se le llama existencia sutil. No es quedéis a un lado y entraréis en el camino del medio. Entonces tenéis una base para acceder a la virtud." (Traducción de Thomas Cleary, Editorial Edaf)

Tal es la dimensión de estas frases, que sería inútil pretender dar una explicación, ya que cada cual ha de encontrarla por sí mismo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

encontrar el estímulo




Llega un momento en la práctica del taichi en que uno cree haber llegado a un límite, a un punto a partir del cual parece que no vaya a existir más progreso significativo. Se ven vídeos en los que aparecen auténticos expertos haciendo con su cuerpo movimientos y posturas deslumbrantes, y uno cree que jamás podrá llegar a tales niveles de maestría corporal.

Esto se aprecia mucho en alumnos que dan la sensación de ir a clase sin ningún tipo de ilusión por aprender algo más, y se limitan a practicar como un manera de hacer ejercicio rutinaria y obligada. Lamentablemente, ese estado supone un rechazo total al espíritu propio del taichi.

Cuando un instructor explica algo nuevo o resalta un aspecto relevante, aunque no sea diferente a lo habitual, lo hace por la importancia que supone en la práctica. Cuando un alumno no atiende este tipo de aspectos no está, realmente, faltando al respeto a su instructor, aunque muchos lo expresen de esta manera, tan sólo está faltándose al respeto a sí mismo. La razón es, precisamente, la falsa creencia de no poder ir más allá del punto en el que se está, es decir, la falta de confianza en sus posibilidades.

Es entonces cuando el instructor debe buscar el estímulo que incite al alumno a avanzar un poco más. La palabra estímulo viene del latín "stimulus", que quiere decir aguijón, con lo que se puede entender ahora la necesidad que surge de "aguijonear" a los propios alumnos para inducirles a ir un poco más lejos de donde ellos creen poder llegar. Para esto es preciso, a menudo, agitar el ánimo del practicante para impedir que se acomode en su desidia. Es así como se puede entender el aparente enfado y las justificadas broncas que un buen profesor de cualquier disciplina corporal debe provocar para lograr el estímulo que induzca el aprendizaje de sus alumnos.