jueves, 13 de octubre de 2011

receptividad


La información no siempre nos llega de la misma manera. Ese libro que leímos hace años y que nos apasionó, resulta que ahora es tedioso y banal. O esa película que en su día no nos dijo nada, ahora resulta que se nos muestra intensa y deslumbrante. Nuestro estado de receptividad no siempre es el mismo.

Cuando se trata de aprender mecánicas que puedan favorecer nuestro bienestar, es importante mantener una actitud abierta, pues nunca sabemos de donde puede surgir aquello que realmente nos permita obtener logros en nuestra salud. A menudo existen ejercicios que nos incomodan, palabras que nos molestan o rutinas que nos aburren, y es ahí donde más cuesta mantener la receptividad adecuada para asimilar la posible enseñanza.

Antiguamente, esta receptividad se inducía mediante la obediencia al instructor, en la cual el alumno no podía cuestionar aquello que se le enseñaba hasta que no lo hubiera practicado durante meses o incluso años. De esta forma, no existía opción de "cerrarse" a lo recibido.

Actualmente el Taichi es un negocio en el cual los instructores estamos al servicio de los alumnos, y el grado de receptividad es algo que nos tenemos que ganar, logrando su confianza, explicando el sentido de cada ejercicio y permitiendo que cada cual exponga las dudas que le surjan al respecto.

Son otros tiempos, ya no estamos en el siglo XVII, ni vivimos una época feudal de sometimiento. Hoy en día, los instructores estamos para ofrecernos a los alumnos, y no para que los alumnos se entreguen ciegamente a nosotros. Por eso, la receptividad es algo que debemos fomentar, no imponer.