viernes, 12 de abril de 2013

Lo que me empeño en enseñar (pero debo omitir)


Vaya…, lo he vuelto a hacer. Sin ir más lejos, en la clase de ayer volví a “entrar al trapo” ante el desafío de un alumno sobre las incongruencias de mi enseñanza. En vez de callarme y dejar que él vaya por sí mismo encontrando las respuestas, volví a dar más explicaciones de las necesarias, como si realmente no confiara en lo que enseño, y tuviera que dar instrucciones continuas.

Uno de los errores clave en mi forma de impartir las clases, es la cantidad innecesaria de información que aporto. Al principio pensaba que los alumnos deben conocer todo lo relativo a aquello que practican: su sentido marcial y terapéutico, sus fundamentos fisiológicos, su biomecánica, etc. Es decir, siempre he intentado aportar aquellos datos que me parecía que faltaban en la mayoría de las escuelas de Taichí en las que he estado. De esta manera, he pretendido que mi enseñanza incluyera elementos que otras enseñanzas no poseen; rasgos distintivos que hicieran de mis clases algo mucho más enriquecedor… ¡Qué gran despropósito!

Uno no puede pretender explicarlo todo, pues lo único que consigues (en la mayor parte de la gente) es saturarla de una cantidad de información que no suelen estar dispuestos a asimilar. Los motivos por los que cada uno se inicia en el Taichí son diferentes, y pocos son los que realmente quieren “saberlo todo”.

Así que, nuevamente, al intentar instruir a los demás me he encontrado con "el escudo de su ego" y, al intentar romperlo, me he encontrado "aferrado a la lanza del mío".

2 comentarios:

  1. He tenido dos grandes profesores.
    El primero era una persona hermética, nos daba la información con cuentagotas.Nos transmitía todo con sus movimientos. Muchos compañeros llegaron a pensar que había "algo" que no nos quería enseñar.
    Ahora tengo otro que habla mucho, nos da parrafadas de mas de 10minutos. Son temas muy interesantes pero en mi opinión, durante una clase de práctica, por mucho que venga a cuento no es bueno pararse para hablar de un tema. Eso se queda para cursillos, conferencias, ratos tomando un té. No me gustan los profesores que hablan mucho en clase. Hay cosas que no se transmiten con palabras.

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  2. Pero ¿qué ocurre con los que queremos saber?, ¿con los que necesitamos una explicación, un por qué?
    Quizá a algunos esto les sobre; pero a mí, personalmente, es lo que me ayudaba a interiorizar.

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