lunes, 22 de diciembre de 2014

encuentro 3 de enero de 2015


Iniciaremos el nuevo año con un encuentro de Taichí
el sábado 3 de enero, desde las 17 h., en el escuela "eltai".

Trabajaremos tui-shou en parejas, 
así como las secuencia básicas de palo y mano vacía.

La asistencia es libre para todos aquellos
que hayáis practicado alguna vez con nosotros.


martes, 16 de diciembre de 2014

toma de tierra, toma de cielo


A menudo se ha hablado del concepto de "toma de tierra" en el Taichí, entendido como la capacidad de asentar bien la posición en el suelo, flexionando las piernas, y creando una estructura corporal estable y equilibrada. Pero otro concepto fundamental y que constituye el complementario del anterior es lo que podríamos denominar la "toma de cielo".

Esta "toma de cielo" viene a ser los que algunos llamamos el "empuje vertical", pues se basa en sentir cierta proyección de la coronilla hacia arriba. La importancia postural de este gesto, que no esfuerzo, radica en la liberación cervical que éste induce, dejando espacio a las articulaciones de las vértebras e impidiendo una compresión excesiva de los discos intervertebrales.

Para lograr alinear correctamente el cuello con el resto de la columna vertebral, y realizar así la "toma de cielo" yo recurro al gesto que verbalizo como "meter el mentón", pues es el que más facilita un posicionamiento correcto de la zona cervical. Otros lo llaman "suspender la coronilla", o "elevar el baihui" (punto 20 del meridiano dumai en medicina china) si se quiere ser más técnico y "kungfuista"...

Así que, en la próxima práctica, seamos conscientes de cómo es nuestra "toma de cielo", no con afán de adquirir profundos conocimientos espirituales sino, simplemente, de adquirir un cuello más relajado y libre de tensiones.



lunes, 1 de diciembre de 2014

una nueva Edad Media

Recientemente he podido hablar largo y tendido con mi maestro de “neigong”, y la conversación ha derivado más hacia aspectos filosóficos que técnicos. Tras enseñarme una nueva secuencia de trabajo respiratorio, me ha hablado de la situación actual, desde una perspectiva ética, y en las dificultades que se dan hoy en día para que las personas asuman y se impliquen en su propio desarrollo personal.

Ciertamente, cada vez cuesta más encontrar personas dispuestas a afrontar aquello que las limita, las bloquea e, incluso, las hace enfermar. El grado de paciencia que los instructores debemos aplicar es inmenso, hasta el punto de tener que repetir la misma enseñanza 40 o 50 veces a lo largo de un curso, sin que parezca que tenga un eco real en los alumnos.

Según mi maestro, y también según los textos clásicos, ninguna enseñanza debe repetirse más de tres veces en el mismo año, pues los alumnos acaban por asumir, inconscientemente, que es algo que siempre estará ahí, y que por ello no hay necesidad de memorizarlo y, en consecuencia, tampoco de integrarlo en el propio organismo cuando se trata de aspectos corporales.

Son tiempos oscuros para las antiguas enseñanzas, esas que conectan al ser humano con su esencia más profunda, y que le permiten desarrollar una vida plena, saludable y estimulante. Es un época en la que fácilmente nos dejamos arrastras por sonidos, imágenes y sabores que, apelando al disfrute del momento, nos alejan de prácticas que hagan de nosotros seres más íntegros, coherentes y honestos.

Vivimos una nueva Edad Media en la que no sólo reina un fervor religioso extremo, sino cientos de fervores que nos enganchan a tecnologías, deportes, músicas o alimentos. Y nada parece anunciar un Renacimiento de las Artes y la Cultura, excepto el que cada cual construya dentro de sí mismo, buscando de forma exhaustiva entre los legados de pasado; tal y como hicieron Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y otros que, estudiando los vestigios que dejaron las antiguas culturas clásicas, consiguieron sacar a la sociedad de ese siniestro fanatismo medieval.


jueves, 13 de noviembre de 2014


Manos como nubes,
piernas como montañas;

en el movimiento incesante,
todo parece en calma;

en la quietud más profunda
vibra cada parte del alma.

Y así, en la dualidad continua
emerge toda la energía innata.

martes, 4 de noviembre de 2014

alcanzar el "chi"



Esta semana vamos a adentrarnos en un texto clásico del Taichí, atribuido al maestro Ch'ang Nai-chou, que vivió en el siglo XVIII, y cuyo estilo apenas se ha conservado hasta nuestros días. Estas son algunas de sus frases:

"Alcanzar el "chi" es parecido a sobresaltarse durante un sueño; de repente te das cuenta del Tao, experimentando una sensación ardiente en la piel, un hormigueo parecido a un escalofrío, o pensando en alguna escena. Cuando los músculos y la piel se ven afectados, se vuelven fuertes y resistentes."

"Tomando forma, el "chi" penetra en el interior de los huesos y en la médula. Si bloqueas su circulación, (es como si) bloqueas la sangre, impidiendo que circule y nutra el cuerpo."

"Al adoptar una postura, el "chi" debe estar relajado y vivo. Tiene intención pero no está rígido. Por eso, al principio de la práctica, lo más importante es relajar los hombros para que no estén duros."

"El "chi" debe circular de arriba a abajo dentro del cuerpo. Si sólo tienes una comprensión intelectual y no una comprensión verdadera, ésto es falso y no auténtico. No sólo es inútil, sino que en realidad puede ser perjudicial para tu salud."

"Absorver el "chi" es como tragar un torrente. Al inhalar con toda profundidad, se absorbe el "chi" totalmente. Lo mismo que fluye el agua, con cada respiración el "chi" recorre miles de millas. El secreto consiste en ejercitar la mente de forma plena, en la cual el "chi" se acumula. La mente es la esencia del "chi", y éste es la función de la mente."

"Aquellos que practiquen mi Tao (camino) podrán, en el nivel superior, volver a la raíz y retornar a la fuente original, trascender lo mundano y ascender al cielo; y si no, al menos, fortalecer sus cuerpos, eliminar la enfermedad y ser longevos."

martes, 28 de octubre de 2014

las 10 intenciones


La atención es esencial en el Taichí, y se focaliza en múltiples aspectos, en función de aquello que uno quiere conseguir. Desde una visión postural, el cuerpo crea una serie de intenciones para lograr el equilibrio corporal , que se pueden desglosar en los siguientes 10 aspectos:

1ª intención: La pisada en la planta del pie de apoyo, repartiendo uniformemente el peso.

2ª intención: El empuje vertical generado al poner la conciencia en la coronilla (punto Vg20), y que equilibra a la anterior.

3ª-4ª intenciones: Las creadas al abrir las rodillas y construir el arco de la piernas, como sustento muscular de la pelvis.

5ª-6ª intenciones: Formadas por la apertura de los codos, que abren las escápulas, relajando las tensiones de los hombros.

7ª intención: Creada por la apertura hacia atrás del arco cervical, mediante la conciencia en el punto Vg16.

8ª intención: Fruto del enderezamiento lumbar al suavizar la lordosis, liberando la posible tensión en esta zona (punto Vg4).

9ª intención: Es la más visible, pues se define por la mano que realiza la técnica, gesto o movimiento concreto, y se equilibra con las dos anteriores.

10ª intención: ¿...?

Dejaremos la definición de la 10ª para futuras publicaciones, pues requiere una explicación más extensa y precisa.

lunes, 20 de octubre de 2014

nutrirse del aire



Uno de los objetivos implícitos al Taichí es considerar la respiración como algo más que un reflejo corporal que nos permite introducir oxígeno en los pulmones. De lo que se trata, esencialmente, es de "nutrirse del aire".

A lo largo de la la extensa historia de las prácticas taoístas, son muchos los textos que hablan de la importancia de llevar la respiración hasta la parte más inferior del abdomen, de manera que éste se dilate cada vez que se realiza una inspiración.

Aunque este tipo de respiración, llamada comúnmente "abdominal", implica cierto grado de controversia entre los expertos en ejercicio físico, quiénes la hemos practicado durante años sabemos, por propia experiencia, que facilita mucho la relajación general del organismo, a la vez que potencia el uso del músculo diafragma, principal motor de la actividad inspiratoria.

Al dar amplitud al abdomen, este músculo puede descender con más amplitud, permitiendo que los pulmones se dilaten en su parte inferior. Si, además, somos capaces de dilatar también la zona lumbar, contribuiremos a relajar la  tensión muscular que pudiera haber en esa zona.

Para ello, lo más práctico es practicar el ejercicio en posición tumbada y con las piernas flexionadas, tal y como aparece en el dibujo de la parte inferior. Al coger aire, el abdomen se dilata hacia arriba, mientras que las lumbares lo hacen hacia el suelo, presionando ligeramente contra el mismo.

Aunque al principio puede resultar un poco complicado, unos pocos minutos de práctica diaria permiten adquirir cada vez mayor control del movimiento. El beneficio directo es obtener una sensación de bienestar en toda la cintura, además de inducir una estado relajación física y mental.

lunes, 13 de octubre de 2014

aquí se viene a aprender

Las actividades que cada cual elige para usar su tiempo libre están en función de sus demandas personales. Hoy en día, al oferta es tan amplia y variada, que si uno no tiene claro lo que busca, puede acabar realizando un curso de la actividad más extravagante, por el mero hecho de ocupar su tiempo libre.

Los que nos dedicamos a impartir este tipo de clases, también tenemos que tener claros los objetivos de aquello que queremos transmitir, su sentido, y el tipo de personas a los que va focalizado. En el caso del Taichí, hay que admitir que no es una actividad que cualquiera sea capaz de asumir, debido a razones ya expuestas anteriormente.

Como instructor de esta disciplina, procuro que todo el que pase por mi escuela, aunque sólo venga un mes a clase, aprenda algo y, a ser posible, algo que le sea de utilidad en su vida diaria: un estiramiento que le alivie el dolor de cuello, una forma de posicionarse que evite cargar la espalda, una mecánica respiratoria que le ayude a relajarse, etc.

Dentro de la centenaria tradición taoísta del Taichí, se han ido incluyendo gran cantidad de rutinas y ejercicios cuyo objetivo principal es fomentar el bienestar y la salud. Esto hace que sea enormemente valioso si se le dedica el tiempo, el esfuerzo y la conciencia adecuada. Por eso, me entristece pensar que hay mucha gente que lo considera como una mera gimnasia de mantenimiento para gente mayor o con problemas de salud.

Como ha sucedido con otras disciplinas, la visión general del Taichí está también relacionada con aspectos místicos y meditativos que, si bien son una parte del Taichí, no muestran la dimensión principal y eminentemente práctica de su contenido. Y esta parte esencial es la que todos los instructores estamos obligados a estudiar con meticulosidad, a practicar con constancia, y a enseñar con el máximo rigor. 

lunes, 6 de octubre de 2014

¿por qué elegí el Taichí?


Las razones por la que elegí el Taichí como actividad física de por Vida, no las había analizado hasta hace unos años, cuando escribí el libro "Escuchando el lenguaje del cuerpo". En este texto abordaba la salud desde la división del ser humano en cuatro planos principales: Mental, emocional, físico y vital.

Hasta que redacte esta publicación, no fui consciente que la práctica del Taichí me permite trabajar estos cuatro planos de forma integral, vinculando de manera directa unos y otros:

*MENTAL: La complejidad de las coreografías, y la coordinación psicomotriz que exigen, te obliga a tener una conciencia plena y a realizar un esfuerzo mental continuo, manteniendo activas las funciones cerebrales.

*EMOCIONAL: La corrección postural que implica su práctica, permite descubrir y corregir como el estado anímico condiciona la pose y las tensiones que adquirimos, y evita sus posibles consecuencias en la salud. 

*FÍSICO: El trabajo muscular, aunque de baja intensidad, es continuo y prolongado, lo que permite realizar un ejercicio global, sin forzar en ningún momento el sistema cardio-vascular.

*VITAL: Este esfuerzo muscular, si es constante y duradero en el tiempo, aporta una temperatura corporal óptima, que evita situaciones de "destemple" y que protege al organismo de las condiciones climáticas adversas, como el frío, el viento o la humedad.

Por eso, aunque quisiera, no podría dejar de hacer Taichí. Y por eso también, me resulta muy difícil estar más de tres días sin practicarlo, pues sus efectos los percibo en muchos niveles.

Queda pendiente para otra entrada, los efectos que el Taichí aporta a nivel espiritual, ese oscuro aspecto del ser humano que cada cual aborda de forma personal y diferente.

martes, 30 de septiembre de 2014

definición práctica del Taichí

Definir el significado del concepto chino "tai-chi-chuan" es complejo porque cada uno de los tres términos puede tener varias acepciones. Esto ha llevado a dar algunas definiciones que, siendo reales, no permiten entender lo que realmente subyace a esta centenaria práctica corporal.

Una de las definiciones que más me ha llamado la atención, por lo extravagante y pretenciosa, es la de "supremo último puño". Efectivamente, la lectura literal de los ideogramas que forma la palabra "tai-chi-chuan" podría exponerse de esa manera pero, ¿realmente transmite algo útil y comprensible?

Vamos a desgranar la palabra de forma más pragmática y libre, para ver si podemos llegar a intuir algo de su esencia más profunda...

El ideograma "tai" puede traducirse como lo más grande, lo más elevado, lo máximo; y en combinación con el "chi" (no confundir con el "chi" que hace alusión a aliento o energía), se define como lo equilibrado, pues este "chi" alude a la polaridad que surge entre opuestos, a la dualidad o a la contraposición de aspectos contrarios (yin y yang). Dicho de otra forma, "taichí" viene a ser algo así como "la máxima armonía entre los opuestos", entre la tensión y la relajación, entre el movimiento y la calma, entre la fuerza y la suavidad, por ejemplo.

Por último, el término "chuan" se define literalmente como puño, pero también hace alusión a "estilo de lucha" o, simplemente "disciplina marcial" o, siendo más exhaustivos, "practica inspirada en movimientos marciales".

De esta forma, "taichíchuan" quedaría definido, de una forma libre y personal, como "la práctica de la máxima armonía", lo que implicaría una atención continua para equilibrar aspectos contrarios en cada movimiento, en cada respiración e, incluso, en cada comprensión de lo que se hace.

lunes, 22 de septiembre de 2014

sensibilidad consciente



Una de las practicas del Taichí que no suele gustar demasiado, pero que aporta un gran conocimiento de este arte, es el "empuje de manos" (tui-shou). En los ejercicios de tui-shou, realizados siempre en parejas, uno trata de sentir cúal es la intención de quien le empuja cediendo anta su presión, pero sin perder la estructura estable de equilibrio. El problema surge cuando uno es incapaz de ceder, pues se siente hostigado y agredido en su orgullo, lo cual genera una tensión que contrarreste la fuerza del empuje recibido.
Tensión y sensibilidad no suelen ir juntas. Si queremos sentir la textura del pelo de un animal al acariciarlo, relajamos la mano y el brazo, aplicando la tensión muscular mínima para realizar el movimiento; de esta forma, la sensibilidad aumenta y recibimos mucha más información táctil. 
Por eso, un requisito indispensable para SENTIR (con mayúsculas y en su máxima expresión) ES RELAJAR, sobre todo la parte del cuerpo donde se recibe la presión, el empuje o el agarre. Esto requiere un entrenamiento específico, pues lo que nos han inculcado a muchos es el afán competitivo que nos induce a responder a la tensión con tensión, y a la fuerza con más fuerza. CEDER es una práctica que posibilita crear una armonía con la fuerza del otro, un equilibrio que permite intercambiar movimientos de manera fluida y consciente. 
Cuando uno realiza tui-shou por primera vez, cree que el objetivo es "ganar" al oponente desequilibrándolo o empujando con más fuerza que él. Pero el objetivo, como casi todo en el Taichí, no está fuera de uno sino dentro. Y en este caso, consiste en adquirir una sensibilidad consciente que nos de mayor suavidad, fluidez y relajación en los movimientos y en la Vida. 



viernes, 12 de septiembre de 2014

las tres crispaciones del Taichí

Las razones por la que muchos desisten de la práctica del Taichí, o pierden constancia en ella, se basan principalmente en tres aspectos que a muchos  agobian, hasta el punto de desistir en el entrenamiento.

El primero radica en la lentitud que precisan sus movimientos. En una sociedad en la que se impone un ritmo rápido y frenético, que hasta se valora como un aspecto destacable de las personas, realizar un "ejercicio físico" basado en la contemporización de los movimientos, hace cuestionarse a muchos si realmente el Taichí es un "ejercicio físico", tal y como hemos comentado otras veces.

El segundo aspecto irritante es la confrontación que uno está obligado a realizar con su propio organismo. Al ritmo que se ejecutan los movimientos, hay mucho margen para saber el uso que se hace de cada músculo y articulación, y para tomar conciencia del estado que puedan tener cada uno de ellos. Por eso, una rodilla que está o ha estado lesionada, va a molestar en cuanto el peso no se cargue adecuadamente sobre ella, y un hombro que acumula mucha tensión, va a "gritar" en cuanto se le fuerce más de lo necesario. Estas molestias son una valiosa fuente de información acerca del estado orgánico, pero no todos son capaces de aceptarla abiertamente.

El tercer aspecto es la falta de objetivos mesurables. En toda actividad física hay parámetros que indican si se ha realizado correctamente el ejercicio, como encestar el balón en baloncesto, chutar con fuerza y direccionalidad en el fútbol, o levantar la mancuerna hasta una altura concreta, etc. En todos las dinámicas deportivas hay baremos objetivos que sirven para valorar la correcta ejecución.

En Taichí, por el contrario, rara vez se dan estos baremos, y a menudo es uno mismo el que tiene que establecerlos de forma subjetiva. Por eso, la apariencia externa de un movimiento puede variar de una practicante a otro, en función de muchos aspectos como la condición física particular, o el estado orgánico que uno tenga en ese momento. Así, alguien que está resfriado o con catarro podrá hacer Taichí, pero lo hará de una forma mucho más suave y calmada, que otro que está en plena forma y desea trabajar el tono muscular de sus piernas.

Lentitud, confrontación y subjetividad son, por tanto, tres aspectos (que no los únicos) que hacen del Taichí una disciplina peculiar y diferente a otros tipos de dinámicas corporales, posibilitando que cada uno adquiera un control importante de su estado físico. Pero también, pueden constituir tres tremendas causas de frustración...

miércoles, 27 de agosto de 2014

los ritmos de la naturaleza



El curso de Taichí, en sus ejercicios y en el énfasis que se le da a los diversos aspectos, intenta seguir los ritmos de la naturaleza tal y como fueron expuestos en la antigüedad por muchas culturas, y entre ellas la cultura china. De esta forma, los diversos periodos temporales del año se asocian a un estado natural concreto:

El mes de septiembre correspondería a un periodo de transición entre la calma que representa el Lago, y la creatividad que simboliza el Cielo, que se situaría en el equinoccio de otoño (21 de septiembre); un periodo que ha sido adoptado, sobre todo por las sociedades que viven en nuestra latitud, como de inicio y comienzo de actividades, proyectos o estudios académicos. Por esta razón, este curso procuraremos hacer hincapié en estos aspectos, de cara a que el organismo se amolde, de la forma más adecuada y eficaz, a los ritmos de la naturaleza.

Por ejemplo, el Viento, situado en la plenitud del otoño, representaría la relajación y la suavidad. Es la época que invita a realizar ejercicios respiratorios que favorezcan tales actitudes, mediante ejercicios de chi-kung (qi-gong) o realizando las coreografías de Taichí de forma que amolden su ritmo al de la respiración propia de cada uno.

La Montaña, en el centro del invierno, es la época propicia para trabajar ejercicios estáticos (como el de "abrazar el árbol") o de chi-kung más intenso para fomentar la temperatura corporal, y proteger al organismo de las inclemencias del frío clima de este periodo.

El Trueno, que marca el apogeo de la primavera, es la época en la que todo en la naturaleza eclosiona de forma repentina (como la irrupción de un trueno en el cielo), y es el periodo favorable para desarrollar las técnica más complejas, adquirir movimientos nuevos o aprender a generar fuerza en aquellas secuencias que se han ido asimilando a lo largo del invierno.

Y así, cada momento del año favorece la realización de un tipo de ejercicios y, de la misma manera, la forma de realizar las secuencias de Taichí se ve sutilmente modificada, variando la forma de moverse, de respirar o de enlazar las secuencias. Siguiendo esta lógica estacional, la "forma Agua" implicaría movimientos fluidos y continuos, la "forma Lago" conllevaría movimientos suaves, lentos y sintiendo la intención de la técnica realizada, y la "forma Montaña" marcaría de forma evidente las posiciones, comprobando la estabilidad y equilibrio de las mismas.

Entender la naturaleza y estar sintonía con ella es, por tanto, un acto consciente que requiere trabajo y constancia, pero no necesariamente un esfuerzo físico excepcional.