martes, 30 de septiembre de 2014

definición práctica del Taichí

Definir el significado del concepto chino "tai-chi-chuan" es complejo porque cada uno de los tres términos puede tener varias acepciones. Esto ha llevado a dar algunas definiciones que, siendo reales, no permiten entender lo que realmente subyace a esta centenaria práctica corporal.

Una de las definiciones que más me ha llamado la atención, por lo extravagante y pretenciosa, es la de "supremo último puño". Efectivamente, la lectura literal de los ideogramas que forma la palabra "tai-chi-chuan" podría exponerse de esa manera pero, ¿realmente transmite algo útil y comprensible?

Vamos a desgranar la palabra de forma más pragmática y libre, para ver si podemos llegar a intuir algo de su esencia más profunda...

El ideograma "tai" puede traducirse como lo más grande, lo más elevado, lo máximo; y en combinación con el "chi" (no confundir con el "chi" que hace alusión a aliento o energía), se define como lo equilibrado, pues este "chi" alude a la polaridad que surge entre opuestos, a la dualidad o a la contraposición de aspectos contrarios (yin y yang). Dicho de otra forma, "taichí" viene a ser algo así como "la máxima armonía entre los opuestos", entre la tensión y la relajación, entre el movimiento y la calma, entre la fuerza y la suavidad, por ejemplo.

Por último, el término "chuan" se define literalmente como puño, pero también hace alusión a "estilo de lucha" o, simplemente "disciplina marcial" o, siendo más exhaustivos, "practica inspirada en movimientos marciales".

De esta forma, "taichíchuan" quedaría definido, de una forma libre y personal, como "la práctica de la máxima armonía", lo que implicaría una atención continua para equilibrar aspectos contrarios en cada movimiento, en cada respiración e, incluso, en cada comprensión de lo que se hace.

lunes, 22 de septiembre de 2014

sensibilidad consciente



Una de las practicas del Taichí que no suele gustar demasiado, pero que aporta un gran conocimiento de este arte, es el "empuje de manos" (tui-shou). En los ejercicios de tui-shou, realizados siempre en parejas, uno trata de sentir cúal es la intención de quien le empuja cediendo anta su presión, pero sin perder la estructura estable de equilibrio. El problema surge cuando uno es incapaz de ceder, pues se siente hostigado y agredido en su orgullo, lo cual genera una tensión que contrarreste la fuerza del empuje recibido.
Tensión y sensibilidad no suelen ir juntas. Si queremos sentir la textura del pelo de un animal al acariciarlo, relajamos la mano y el brazo, aplicando la tensión muscular mínima para realizar el movimiento; de esta forma, la sensibilidad aumenta y recibimos mucha más información táctil. 
Por eso, un requisito indispensable para SENTIR (con mayúsculas y en su máxima expresión) ES RELAJAR, sobre todo la parte del cuerpo donde se recibe la presión, el empuje o el agarre. Esto requiere un entrenamiento específico, pues lo que nos han inculcado a muchos es el afán competitivo que nos induce a responder a la tensión con tensión, y a la fuerza con más fuerza. CEDER es una práctica que posibilita crear una armonía con la fuerza del otro, un equilibrio que permite intercambiar movimientos de manera fluida y consciente. 
Cuando uno realiza tui-shou por primera vez, cree que el objetivo es "ganar" al oponente desequilibrándolo o empujando con más fuerza que él. Pero el objetivo, como casi todo en el Taichí, no está fuera de uno sino dentro. Y en este caso, consiste en adquirir una sensibilidad consciente que nos de mayor suavidad, fluidez y relajación en los movimientos y en la Vida. 



viernes, 12 de septiembre de 2014

las tres crispaciones del Taichí

Las razones por la que muchos desisten de la práctica del Taichí, o pierden constancia en ella, se basan principalmente en tres aspectos que a muchos  agobian, hasta el punto de desistir en el entrenamiento.

El primero radica en la lentitud que precisan sus movimientos. En una sociedad en la que se impone un ritmo rápido y frenético, que hasta se valora como un aspecto destacable de las personas, realizar un "ejercicio físico" basado en la contemporización de los movimientos, hace cuestionarse a muchos si realmente el Taichí es un "ejercicio físico", tal y como hemos comentado otras veces.

El segundo aspecto irritante es la confrontación que uno está obligado a realizar con su propio organismo. Al ritmo que se ejecutan los movimientos, hay mucho margen para saber el uso que se hace de cada músculo y articulación, y para tomar conciencia del estado que puedan tener cada uno de ellos. Por eso, una rodilla que está o ha estado lesionada, va a molestar en cuanto el peso no se cargue adecuadamente sobre ella, y un hombro que acumula mucha tensión, va a "gritar" en cuanto se le fuerce más de lo necesario. Estas molestias son una valiosa fuente de información acerca del estado orgánico, pero no todos son capaces de aceptarla abiertamente.

El tercer aspecto es la falta de objetivos mesurables. En toda actividad física hay parámetros que indican si se ha realizado correctamente el ejercicio, como encestar el balón en baloncesto, chutar con fuerza y direccionalidad en el fútbol, o levantar la mancuerna hasta una altura concreta, etc. En todos las dinámicas deportivas hay baremos objetivos que sirven para valorar la correcta ejecución.

En Taichí, por el contrario, rara vez se dan estos baremos, y a menudo es uno mismo el que tiene que establecerlos de forma subjetiva. Por eso, la apariencia externa de un movimiento puede variar de una practicante a otro, en función de muchos aspectos como la condición física particular, o el estado orgánico que uno tenga en ese momento. Así, alguien que está resfriado o con catarro podrá hacer Taichí, pero lo hará de una forma mucho más suave y calmada, que otro que está en plena forma y desea trabajar el tono muscular de sus piernas.

Lentitud, confrontación y subjetividad son, por tanto, tres aspectos (que no los únicos) que hacen del Taichí una disciplina peculiar y diferente a otros tipos de dinámicas corporales, posibilitando que cada uno adquiera un control importante de su estado físico. Pero también, pueden constituir tres tremendas causas de frustración...