viernes, 12 de septiembre de 2014

las tres crispaciones del Taichí

Las razones por la que muchos desisten de la práctica del Taichí, o pierden constancia en ella, se basan principalmente en tres aspectos que a muchos  agobian, hasta el punto de desistir en el entrenamiento.

El primero radica en la lentitud que precisan sus movimientos. En una sociedad en la que se impone un ritmo rápido y frenético, que hasta se valora como un aspecto destacable de las personas, realizar un "ejercicio físico" basado en la contemporización de los movimientos, hace cuestionarse a muchos si realmente el Taichí es un "ejercicio físico", tal y como hemos comentado otras veces.

El segundo aspecto irritante es la confrontación que uno está obligado a realizar con su propio organismo. Al ritmo que se ejecutan los movimientos, hay mucho margen para saber el uso que se hace de cada músculo y articulación, y para tomar conciencia del estado que puedan tener cada uno de ellos. Por eso, una rodilla que está o ha estado lesionada, va a molestar en cuanto el peso no se cargue adecuadamente sobre ella, y un hombro que acumula mucha tensión, va a "gritar" en cuanto se le fuerce más de lo necesario. Estas molestias son una valiosa fuente de información acerca del estado orgánico, pero no todos son capaces de aceptarla abiertamente.

El tercer aspecto es la falta de objetivos mesurables. En toda actividad física hay parámetros que indican si se ha realizado correctamente el ejercicio, como encestar el balón en baloncesto, chutar con fuerza y direccionalidad en el fútbol, o levantar la mancuerna hasta una altura concreta, etc. En todos las dinámicas deportivas hay baremos objetivos que sirven para valorar la correcta ejecución.

En Taichí, por el contrario, rara vez se dan estos baremos, y a menudo es uno mismo el que tiene que establecerlos de forma subjetiva. Por eso, la apariencia externa de un movimiento puede variar de una practicante a otro, en función de muchos aspectos como la condición física particular, o el estado orgánico que uno tenga en ese momento. Así, alguien que está resfriado o con catarro podrá hacer Taichí, pero lo hará de una forma mucho más suave y calmada, que otro que está en plena forma y desea trabajar el tono muscular de sus piernas.

Lentitud, confrontación y subjetividad son, por tanto, tres aspectos (que no los únicos) que hacen del Taichí una disciplina peculiar y diferente a otros tipos de dinámicas corporales, posibilitando que cada uno adquiera un control importante de su estado físico. Pero también, pueden constituir tres tremendas causas de frustración...