lunes, 26 de octubre de 2015

suspender la coronilla



El empuje vertical es un concepto clave en toda gimnasia postural, y que está presente en muchas disciplinas orientales y occidentales como la meditación, las artes marciales, el método Alexander o, incluso, la hípica. En todas ellas, la postura del cuerpo simula estar siendo traccionada hacia arriba, como si a uno le tiraran de la cabeza en sentido ascendente y vertical.

En Taichí se conoce como “suspender la coronilla”, y es un elemento clave en el trabajo corporal que aporta una gran liberación a la posible tensión de las vértebras cervicales. Sin embargo, es fácil caer en posturas encorvadas, como si nos hubieran puesto una pesada capucha sobre la cabeza, o como si llevaramos a alguien subido sobre nuestros hombros (¿será realmente así?, ¿habrá un ser invisible encima nuestro?)


Como suelo repetir muchas veces en mis clases, “suspender la coronilla” no es algo que requiera en esfuerzo excesivo, de hecho tan sólo es un pequeño gesto mediante el cual el mentón se lleva ligeramente hacia dentro, pero manteniendo la mirada al frente. Este sencillo gesto se pierde en cuanto uno deja de poner su conciencia en él, puesto que los hábitos que nos exigen muchas actividades pasan por están encorvados: al leer, al comer, al manejar el teléfono,,, o incluso en este momento, al mirar la pantalla del pc.


Hoy en día parecemos vivir en una sociedad subyugada. Simulamos ser tortugas que van acumulando peso en su caparazón curvo y denso, mientras caminamos sin prestar atención a lo que tenemos delante. Mientras, poco a poco, el cuello se va encogiendo y las cervicales van sufriendo esa compresión mortificante.

Según la tradición más esotérica del Taichí, “suspender la coronilla” es algo más que un trabajo de corrección postural. Es lo que posibilita que la energía alcance la coronilla, ascendiendo por la columna vertebral a través del meridiano del Vaso Gobernador (dumai). Cuando la energía (intención, flujo o sensación) alcanza este punto, la conciencia puede abrirse a otro tipo de trabajos más relacionados con el desarrollo mental y espiritual del ser.

Pero eso, claro está, siempre y cuando queramos acceder a tales trabajos, sino podemos seguir encorvados tecleando con igual energía la pantalla de nuestros  Smartphones.

jueves, 22 de octubre de 2015

el cuerpo como caldero

El termino con el que habitualmente se denomina en muchas disciplinas a la "energía vital" (chi, ki, prana), se usa de forma bastante indiscriminada por muchos practicantes de displinas orientales, y no sólo en el Taichí, sino también en terapias como el Reiki o la acupuntura, en gimnasias como el Chikung (qigong) e incluso en artes marciales como el Aikido.

Las visualizaciones ambiguas y poco prácticas suelen limitar un desarrollo más profundo de lo que realmente es esta "energía", pues es un término que invita a imaginar y visualizar imágenes más propias de al ciencia ficción, que del verdadero flujo que discurre por el organismo.

Desde un enfoque práctico, y sin entrar a definir qué es en esencia esta energía, puede ser útil considerarla como calor, o como esa sensación de estar "templado" (en contraposición a estar destemplado) y que aporta una actitud de movimiento y acción, o de querer hacer cosas y disfrutar haciéndolas (en contraposición de sentirse abotargado, cansado o apático).

Cuando uno "tiene energía", la tareas a realizar no son costosas, sino estimulantes; el trabajo no es una carga, sino un aliciente; y la realización de ejercicios para el propio beneficio físico y mental no es un incordio, sino una placentera necesidad fisiológica.

Esa sensación de calor interno y autogenerado (no tomado de fuera) es posiblemente la más directa medición del "nivel energético" de cada uno. Pero este calor necesita ser activado y mantenido, como el fuego que progresivamente va calentando una marmita de metal, para cocinar los alimentos depositados en ella.

Según las tradiciones alquímicas, que en China se englobaban dentro de las prácticas del neikung, la pelvis sería ese caldero, y el calor que recibe proviene de las piernas y de su activación muscular. Es por eso que muchas disciplinas energéticas se basan en posturas donde la flexión, apertura y asentamiento de las extremidades inferiores es tan importante. Sólo en esa activación se va generando el calor que "cocina" nuestro "alimento energético".


Con el tiempo, se puede lograr el nivel de control de ciertos aspectos internos que le posibilitan a uno generar su propio calor sin necesidad de usar las piernas para ello. Pero a este punto se llega tras un periodo de práctica esencialmente muscular; periodo que, según las tradiciones orientales, no se mide en años, sino en décadas...