jueves, 22 de octubre de 2015

el cuerpo como caldero

El termino con el que habitualmente se denomina en muchas disciplinas a la "energía vital" (chi, ki, prana), se usa de forma bastante indiscriminada por muchos practicantes de displinas orientales, y no sólo en el Taichí, sino también en terapias como el Reiki o la acupuntura, en gimnasias como el Chikung (qigong) e incluso en artes marciales como el Aikido.

Las visualizaciones ambiguas y poco prácticas suelen limitar un desarrollo más profundo de lo que realmente es esta "energía", pues es un término que invita a imaginar y visualizar imágenes más propias de al ciencia ficción, que del verdadero flujo que discurre por el organismo.

Desde un enfoque práctico, y sin entrar a definir qué es en esencia esta energía, puede ser útil considerarla como calor, o como esa sensación de estar "templado" (en contraposición a estar destemplado) y que aporta una actitud de movimiento y acción, o de querer hacer cosas y disfrutar haciéndolas (en contraposición de sentirse abotargado, cansado o apático).

Cuando uno "tiene energía", la tareas a realizar no son costosas, sino estimulantes; el trabajo no es una carga, sino un aliciente; y la realización de ejercicios para el propio beneficio físico y mental no es un incordio, sino una placentera necesidad fisiológica.

Esa sensación de calor interno y autogenerado (no tomado de fuera) es posiblemente la más directa medición del "nivel energético" de cada uno. Pero este calor necesita ser activado y mantenido, como el fuego que progresivamente va calentando una marmita de metal, para cocinar los alimentos depositados en ella.

Según las tradiciones alquímicas, que en China se englobaban dentro de las prácticas del neikung, la pelvis sería ese caldero, y el calor que recibe proviene de las piernas y de su activación muscular. Es por eso que muchas disciplinas energéticas se basan en posturas donde la flexión, apertura y asentamiento de las extremidades inferiores es tan importante. Sólo en esa activación se va generando el calor que "cocina" nuestro "alimento energético".


Con el tiempo, se puede lograr el nivel de control de ciertos aspectos internos que le posibilitan a uno generar su propio calor sin necesidad de usar las piernas para ello. Pero a este punto se llega tras un periodo de práctica esencialmente muscular; periodo que, según las tradiciones orientales, no se mide en años, sino en décadas...