viernes, 4 de diciembre de 2015

destemplados

Lo que hace que la sangre fluya por el organismo de manera continua e intensa es la actividad física y la actitud corporal que cada uno adopta. Raro es la clase de taichí en la que no haya algún alumno que diga "yo siempre tengo las manos frías" y, afectivamente, es así. Además les suele gustar acercarse y decir "toca, toca, ya verás", para que pueda comprobar por mi mismo ese destemple.

El concepto oriental de la energía (chi o qi) está muy relacionado, entre otras cosas, con lograr en el cuerpo (incluidos manos y pies) una sensación de calor, que está provocada por la estimulación vascular que garantiza que la sangre llegue con la intensidad suficiente a cada parte del organismo, impidiendo esas sensaciones de destemple o enfriamiento.

Ni que decir tiene, que en un flujo vascular óptimo es mucho más difícil que el cuerpo se vea afectado por enfermedades como resfriados o catarros, o por dolencias como el lumbago o la tortícolos, provocadas a menudo por el efecto del frío y la humedad sobre los músculos. Sólo gracias a una actividad que abra las articulaciones, para que la sangre se mueva con libertad, es posible estimular la propia "energía interior".

Si cada vez que sentimos frío nos acurrucamos junto a una fuente de calor, como la calefacción, estamos inhibiendo la capacidad del propio organismo para regular su temperatura. Y así, cada vez nos cuesta más sacudirnos ese "destemple" que tanto incomoda, y que nos deja expuestos a las inclemencias meteorológicas.

Dentro del taichí y del chikung existen muchos ejercicios, por no decir casi todos, que buscan fomentar esta capacidad de autorregulación térmica. Pero sin, por el contrario, nos encojemos juntando las manos delante del pecho y encorvando las espalda, va a resultar bastante difícil permitir que el calor, la energía, circule con libertad por nuestro cuerpo.