martes, 19 de abril de 2016

la verdadera maestría

Me dediqué al Taichí porque no era especialmente fuerte ni rápido al hacer deporte; porque no era inteligente en mis estudios, ni significativamente simpático en el trato con los demás; porque era nervioso y emocionalmente inestable, para detrimento de mi propio organismo; porque no tenía una razón especial por la que vivir ni por la que esforzarme en la Vida;...

Y así, el Taichí surgió en mi camino como un ejercicio que no precisa que seas fuerte ni rápido, ni inteligente ni tranquilo, ni ilusionado ni motivado. Un práctica corporal que no tiene aspiraciones ni pretensiones de grandeza, ajena al sobresfuerzo, a la competición y a la vistosidad. Un arte marcial que no busca hacer daño, sino sólo preservar la propia salud y la del contrincante (si lo hubiera), haciéndole tomar conscienca de que por la fuerza no se obtiene ningún mérito. Y si no hay oponente, tan sólo moverse al ritmo de la naturaleza y de las estaciones; del río y del viento; de la nube que se posa en la montaña...

Con el Taichí he aprendido que las facultades a desarrollar ya están dentro de  cada uno: la sensibilidad, la suavidad, la despreocupación, el deleite de las cosas sencillas, la contemplación de lo que nos rodea... El resto de objetivos sirven sólo para desgastar el propio cuerpo, mermar la propia energía y abstraer la propia conciencia.

Ójala hubiera encontrado antes esta comprensión, pero he necesitado años de práctica constante para entender que no es necesario llegar a ningún nivel de dominio ni de destreza. Décadas para entender que la verdadera maestría subyace en el interior de cada uno, sólo hace falta quitar aquello que sobra...

lunes, 11 de abril de 2016

no hay secretos


Sin duda, uno de los libros más amenos y fáciles que se han publicado en nuestro país sobre Taichí es "No hay secretos", de Wolfe Lowenthal, quién fue alumno en Estados Unidos del maestro Cheng Man-Ch'ing. De forma sencilla y directa, narra sus experiencias personales en su aprendizaje, abordando desde los aspectos más sutiles de este antiguo arte, hasta los conceptos filosóficos más esenciales y prácticos del mismo.Uno de los temas que más toca es el relativo al "empuje de manos" (la gran muralla de los practicantes de Taichí en todo el mundo), y a la importancia de cómo realizarlo. "Sentir, ceder o comprender",... son palabras que este autor usa más que "empujar, bloquear o agarrar", para definir lo que esta sutil práctica supone.Para desarrollar tal actitud receptiva, en la enseñanza del maestro Cheng se hece continua referencia al "miedo" como causa principal de la tensión y de la falta de sensibilidad. Así podemos leer:"Cuando hay miedo, nuestro cuerpo, psique y espíritu también tienen que estar tensos. Cuando hay tensión, uno no puede estar suelto y relajado.(...) Por lo tanto, para entender realmente el sentido del Taichí, uno tiene que tener un espíritu de gran valentía."Esta valentía a la que se hace alusión no es una ausencia total de miedo, ya que éste es una reacción fisiológica perfectamente natural y que permite a las especies sobrevivir. Sin miedo nos volveríamos tremendamente temerarios y acabaríamos pereciendo por exposición continua al riesgo. De lo que se trata es de algo mucho más profundo:"No sólo se nos pide soltar nuestra defensas físicas, sino también las psicológicas, la rígida imagen que tenemos de nosotros mismos y los escudos que hemos levantado.(...) Las causas provienen de nuestro sentido subconsciente de indignidad. Creemos que si nos permitimos ser vulnerables y dejamos que los demás entren, retrocederán horrorizados. En lugar de fluir desde nuestra verdad y poder creativo, nos escondemos, nos defendemos y manipulamos."Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el vínculo entre lo que sucede en el cuerpo físico y en la mente es correlacional.Posiblemente, el "empuje de manos" sea el aspecto del Taichí que más aborda los aspectos psicológicos y emocionales del individuo, por "aquello a lo que se tiene que enfrentar" uno cuando practica en pareja. A este respecto, ser capaz de estar relajado, incluso cuando te empujan o agarran con fuerza, se perfila como uno de las destrezas más elevadas del Taichí:"Es verdad que hay muy pocas personas capaces de responder suavemente ante un ataque violento. Pero así es la paradoja y grandeza del Taichichuan, que las mismas virtudes que muchos consideran el secreto de la vida (gentileza, sensibilidad y compasión) son también el secreto de la maestría marcial."Para acabar este artículo, terminaremos con una cita de este mismo libro en la que, nuevamente, se intuyen los elementos más psicológicos del Taichí:"Cada vez soy más consciente de que, a nivel psicológico, tengo miedo a 'tener dolor'. Como resultado no me he enfrentado a la raíz de mis miedos, el condicionamiento que ha controlado mi vida y bloquea mi destino impidiendo que éste sea más alegre o poderoso."