jueves, 22 de diciembre de 2016

flujo



Uno de los conceptos que más evocan la práctica del Taichí es el de fluidez, entendida como la concatenación continua de movimientos de forma suave e ininterrumpida. Pero esta fluidez no sólo hace alusión a una apariencia corporal externa, sino que también hace referencia a una sensación mental interna.

Desde la perspectiva de la psicología moderna se están estudiando procesos mentales que se inspiran en antiguas prácticas orientales. Tal es el caso del mindfulness, basado en la meditación vippassana del budismo, o la teoría del flujo, formulada por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi, inspirada en el yoga y en las artes marciales. En sus estudios, este autor ha analizado la sensación que muchas personas tienen al realizar algunas tareas, y que ejecutan de manera fluida, fácil y eficaz. Es esa sensación que todos hemos tenido alguna vez, y que da la impresión de que todo “marcha sobre ruedas”.

Pareciera, sin embargo, que esta sensación es efímera, ocasional y aleatoria, es decir, que tan pronto se tiene como se pierde sin que podamos, aparentemente, hacer nada para controlarla. Pero los estudios muestran que hay una serie de pautas a través de las cuales se puede fomentar este flujo:


  • La primera, es que los objetivos sobre lo que uno está haciendo tienen que estar claros y definidos, es decir, uno ha de saber qué tiene que hacer. En el caso del Taichí son las posiciones a adoptar, la postura corporal y la intención de los movimientos, entre otras cosas.
 
  • La segunda es que uno ha de estar focalizado en la tarea a realizar; cada movimiento tiene unas características concretas en las que ha de estar concentrado aún cuando haya hecho cientos de veces ese movimiento, y aunqie el cuerpo sea capaz de realizarlo de forma automática.
 
  • La tercera consiste en lo que se conoce como retroalimentación (feedback), o el informe directo e instantáneo de que estoy practicando correctamente. Saber si estoy pisando con toda la planta, si mi hombro está relajado o si mi cintura es la que genera el movimiento es una información que está siempre disponible, y que me permite corregir sobre la marcha mi ejecución.
 
  • La cuarta pauta es el equilibrio entre lo que tengo que hacer y lo que soy capaz de hacer. Si la tarea es demasiado fácil, no me resulta tan motivadora como para estar concentrado en ella, y si es demasiado difícil me sentiré incapaz de hacerla. Por eso, un grado óptimo de dificultad es lo ideal.
 
  • La quinta es que la actividad sea intrínsecamente gratificante, es decir, que el mero hecho de realizarla es satisfactorio en sí mismo, independientemente de los resultados productivos que de ella se generen. El acto de mover el cuerpo en Taichí ha de resultar satisfactorio, sin la necesidad de obligarme a realizarlo por el beneficio que, además, va a aportar a mi salud.


En el Taichí, estas 5 pautas son suficientes, aunque no todas necesarias, para lograr esa sensación de flujo de la que hablamos, y que podemos luego extrapolar al resto de nuestras actividades cotidianas, incluso aquellas que nos parecen más incomodas o desagradables…