viernes, 1 de diciembre de 2017

de lo místico a lo científico

Debo admitir que yo también fui uno de esos que se inicia en el Taichí buscando la mística que esta antigua práctica pudiera encerrar. En mi tardía adolescencia, mi mente estaba ávida de conocimientos trascendentales que le dieran algo de sentido a mi Vida, y me sacaran del hastío existencialista en me hallaba entonces. Y así, llegó a mis manos el TaoTeKing, que se ha convertido en uno de mis libros de cabecera durante las últimas décadas. Una vez que me vi inmerso en la filosofía taoísta, busqué las prácticas propias de esta, entre las cuales el Taichí se erigía como la más popular y destacada.

Pero esta visión mística original fue poco a poco diluyéndose en el intento por comprender, desde una óptica más racional, cuáles son los fundamentos fisiológicos que hacen del Taichí una herramienta tan poderosa para potenciar las salud, el bienestar y la calma interior. De esa manera empecé a estudiar fisioterapia, osteopatía, corrección postural, acupuntura, etc., de cara a entender los mecanismos subyacentes al efecto terapéutico del Taichí.

Fue así como lo místico se fue transformando en científico, y como las ensoñaciones espirituales dieron paso a un estudio metódico y racional de esta disciplina. Y uno de los factores que potenció este cambio fue la necesidad de transmitir de forma clara y concisa al mayor número de personas lo que supone, para el cuerpo y para la mente, practicar Taichí.

Y ahora, afronto el nuevo yin-yang que supone armonizar elementos que en nuestra cultura parecen haberse posicionado en extremos opuestos: lo místico y lo científico, lo espiritual y lo racional, lo trascendental y lo mundano. Pareciera que este fuera el último y definitivo "taichí", el que aporta la iluminación definitiva, pero seguro que tras la resolución de este habrá otros, pues el Camino de armonización de los opuestos es eterno.

lunes, 16 de octubre de 2017

defensa personal, pero no a cualquier precio

Los aspectos marciales del Taichí desarrollan, más que aprender a pelear, una manera de aprender a defenderse y a canalizar la agresividad que pudieran ejercer sobre nosotros. Lo que se práctica no es un combate propiamente dicho, sino una forma de gestionar la violencia, tanto la del otro como la propia.

Que al trabajar en pareja surjan tensiones, puede ser un signo del miedo que hay dentro de cada cual, y que se manifiesta corporalmente con la contracción involuntaria de músculos, innecesarios para el movimiento que se está realizando. Y éste es, sin duda alguna, el primer y más valioso componente de la práctica del tui-shou, o entrenamiento de Taichí con el contacto físico de un compañero: Tomar conciencia de las tensiones que, por una u otra razón, se generan de forma espontánea, y acaban provocando contracturas en la musculatura.

Adquirir una método de defensa personal con el Taichí es factible, aunque implica mucho más tiempo, atención y constancia que otros métodos más directos y prácticos. Además, lograr que el Taichí sirva a efectos defensivos no pasa por aprender técnicas específicas y aplicarlas de forma lo más contudente posible, ya que lo prioritario es que todo movimiento que realicemos no genere tensiones en nuestro organismo.

Para entenderlo con una metáfora..., uno puede querer ser millonario, y querer tener un poder adquisitivo que le permita comprarse todo aquello que desea. Pero cada uno establece, de forma consciente o inconsciente, unos criterios éticos que está dispuesto a preservar. Por ejemplo, no basar su riqueza en la explotación de mano de obra infantil, o en la contaminación del medio ambiente. Con el Taichí pasa algo parecido. A muchos nos gusta tenerlo no sólo como una disciplina que fomente la salud, sino también como un método de defensa personal, pero no a cualquier precio. Y el precio que no estamos dispuesto a pagar aquellos que nos hemos implicado en este arte, es la acumulación de tensiones.

Porque el objetivo, al fin de al cabo, es obtener un bienestar lo más continuo y permanente posible, y no tanto una destreza marcial que, probablemente, no podamos usarla más que en contadas ocasiones a lo largo de nuestra vida. E incluso, si uno sabe eludir las confrontaciones físicas directas de forma consciente, puede que jamás tenga que usar tales habilidades.

lunes, 9 de octubre de 2017

dudas razonables

Cuando la gente acude a informarse sobre las clases de Taichí, el hecho de descubrir que es un arte marcial puede ser algo desconcertante para algunos y que les hace mostrarse reacios a iniciar su práctica. La mayor parte de las personas tienen una visión mucho más tranquila y meditativa acerca de lo qué es el Taichí, y que éste pueda estar vinculado a la práctica de movimientos cuyo sentido original es dañar a alguien, les provoca aversión.

Por eso, la mayor parte de los instructores que impartimos esta disciplina estamos obligados a separar claramente una aspecto de otro, y explicar de forma clara y concisa cómo y qué se trabaja en las clases que impartimos.

Pero sus connotaciones marciales no son el único elemento que induce a desconfiar de esta práctica ancestral. Hay, además, otros factores que pueden generar reticencias, como son: 
  • Que tenga connotaciones místicas o espirituales.
  • Que implique poco trabajo físico, o que sea muy conceptual.
  • Que, por el contrario, sea un trabajo demasiado exigente para la condición física del interesado.
  • Que resulte demasiado aburrido por su lentitud.

Por eso, los objetivos del Taichí están, o deberían estar, claros para todo iniciado y, de manera esencial, para el instructor que lo imparte. No hay un Taichí mejor que otro, y cada escuela hace hincapié más en unos aspectos que en otros, siendo todos igual de respetables.  Sin embargo, aquel que decide enseñarlo ha de tener claro cual es su enfoque, y transmitirlo así desde el principio.

Para mí, por ejemplo, los aspectos primordiales del Taichí son que...:
  • Se trabaja la respiración para fomentar la relajación.
  • Se afina la intención de los movimientos para desarrollar la sensibilidad.
  • Se corrige la postura corporal para lograr equilibrio.
  • Se fortalecen las piernas para adquirir estabilidad.
  • Se mueve uno despacio para agudizar la conciencia.
  • Se aprenden movimientos diversos para adquirir coordinación.
  • Se practica en silencio para escuchar el propio cuerpo.
  • Etc...

Estas son pautas básicas y genéricas que pueden ayudar a hacer que la práctica del Taichí sea más aceptada, reconocida y valorada de lo que es actualmente, ya que las reticencias surgen del desconocimiento y de un información escasa e imprecisa por parte de algunos instructores.


martes, 3 de octubre de 2017

clases regulares de tuishou

Parece que este curso, por fin, hemos logrado crear un grupo estable para la práctica regular del tuishou. Las clases tendrán lugar cada lunes no festivo a las 19 h. Durante hora y media desarrollaremos las aplicaciones de los principales movimientos de taichi, y dinámicas concretas para aprender a ceder ante agarres, golpes o empujes del oponente.

En principio, las clases se mantendrán a lo largo de todo el curso, al menos hasta junio de 2018, exceptuando los lunes que sean festivos. Para cualquier información adicional podéis contactar con nosotros en el teléfono 665 594 773, por correo electrónico en centroeltai@gmail.com , o acudir directamente a una clase de prueba gratuita en nuestro centro.

lunes, 18 de septiembre de 2017

meditación taoísta

El trabajo de meditación taoísta es complejo, y con un alto componente físico, pues en esta tradición filosófica se entiende el cuerpo como la base desde la cual iniciar los procesos mentales. Es decir, sin una adecuada disposición física, no es posible un adecuado desarrollo psíquico. Este trabajo físico abarca tres aspectos principales:

  1. Una correcta alineación postural: Pues sólo si la columna vertebral y las articulaciones del cuerpo están cómodas, es posible encontrar la relajación física que permita abordar los trabajos internos que propone el taoísmo.
  2. El control respiratorio: Importante, ya que la relajación del ritmo cardiovascular depende de una respiración calmada pero intensa, que permita el intercambio de aíre con el mínimo esfuerzo, y que ralentice la frecuencia de onda del cerebro.
  3. La autogeneración de calor: Consiste, a nivel básico, en usar la musculatura para crear una activación vascular que lleve la sangre por todo el organismo, pero sin forzar el ritmo cardíaco. Por eso es habitual realizar meditaciones en posición erguida, de forma que brazos y piernas se mantengan con cierto grado de tensión muscular. Con la práctica, esta generación de calor (que muchos llaman energía), se puede obtener con trabajos internos que no implican el trabajo muscular de las extremidades.

Por todo esto, el acto de meditación taoísta no consiste sólo en sentarse y respirar tratando de dejar la mente vacía, sino que requiere un conjunto de trabajos complementarios que abarcan el desarrollo del control corporal (como con el taichí), ejercicios respiratorios (como el qigong o chikung) o mecánicas internas que implican la visualización y percepción de procesos orgánicos que se dan dentro del cuerpo, y que no son apreciables para un observador externo (como sucede en el neikung).

De hecho, uno de los criterios para saber si uno se encuentra en el Camino adecuado, es el estado orgánico del cuerpo, ya que el desarrollo mental se entiende como íntimamente ligado al bienestar y a la salud corporal.


miércoles, 30 de agosto de 2017

inicio curso 2017-18

El próximo martes, día 5 de septiembre 
iniciamos las clases en el centro "eltai",
podéis consultar aquí los
y los cambios que se han producido
con respecto al curso anterior.

Como novedades más destacadas están
la clase de Taichí marcial,
los lunes de 19 a 20:30,
y la clase de Chikung y Meditación,
los miércoles de 19 a 20:30.


Para cualquier información al respecto,
podéis escribir a la dirección de correo centroeltai@gmail.com,
o llamando a los teléfonos 94 447 22 30 - 665 594 773.

sábado, 8 de julio de 2017

la verdadera enseñanza

Lo que un maestro, profesor o instructor le enseña a cada uno, especialmente en una disciplina tan amplia y a menudo ambigua como es el Taichí, no debe ser tomado literalmente, ni integrado de forma incuestionable. La verdadera enseñanza es aquella que le da al alumno, tan sólo, la materia prima para éste que elabore sus propias ideas y su propia comprensión de lo que está practicando.

Por eso, como instructores de Taichí, hemos de ser muy precisos y claros en lo que transmitimos, y ser conscientes de que "eso" que impartimos no son verdades absolutas, sino sólo la interpretación que nosotros hemos hecho, y que puede diferir considerablemente de la que antes hicieron nuestros maestros, y de la que, sin duda, harán nuestros alumnos.

Cuanto más clara y coherente sea nuestra transmisión, mejor "materia prima" estaremos dando a nuestros alumnos para que elaboren su propia doctrina. Cuanto más ambigua sea esta, más dudas sembraremos en su conciencia, y más les haremos divagar en sus reflexiones y aprendizaje. Por tanto, nuestro objetivo no es que asimilen lo que les decimos de forma directa, sino que les demos el contenido preciso a partir del cual puedan desarrollar su pensamiento, su comprensión del arte que les mostramos y, en definitiva su visión particular del mismo.

En este sentido, el Taichí no difiere de muchas otras disciplinas que buscan el desarrollo de propio ser y que, precisamente por ello, la enseñanza a adquirir por el alumno ha de ser propia, expresada con sus propias palabras y aplicada a su propia Vida.


lunes, 19 de junio de 2017

curso de neikung - julio 2017

El nei-kung engloba un conjunto muy amplio de antiguas técnicas taoístas para la salud orgánica, que incluye el trabajo respiratorio, el ejercicio físico y el masaje mediante presión sobre puntos sensibles de la musculatura, los tendones y las articulaciones.

Su practica progresiva permite potenciar el flujo sanguíneo, así como aflojar las posibles sobrecargas musculares, aprendiendo a localizar e identificar las zonas del cuerpo que cada uno tiende a forzar más.

Para este aprendizaje dedicaremos el día completo del sábado, 15 de julio, desde las 10 de la mañana hasta las 14 h., y desde las 16:30 hasta las 20:30 h. La practica continuará el domingo, día 16 de julio, en horario de mañana, de 10 a 14 h.

A todos los participantes se les entregará un dossier con imágenes de los principales ejercicios que realizaremos, así como la localización precisa de los puntos donde aplicaremos las técnicas de auto-masaje.

El coste del curso es de 75 euros para quiénes no son alumnos habituales del centro "eltai", y de 65 euros para los alumnos. En ambos precios se aplicará un descuento del 15% a jubilados, estudiantes o desempleados.

Para cualquier información adicional podéis contactar con nosotros en el teléfono 665 594 773, o usando el formulario que figura en la columna de la derecha.


lunes, 12 de junio de 2017

la cueva de los tesoros

El famoso maestro de Taichí Cheng Man-ching dijo en cierta ocasión que iniciarse en esta práctica es similar a entrar en una cueva llena de tesoros. Algunos entran y sólo cogen unas pocas monedas, por lo que sacan poco beneficio de su incursión. Pero quiénes dedican tiempo a escudriñar sus grutas oscuras, acaban obteniendo infinidad de riquezas para su salud.

Esta metáfora, aunque simple, refleja muy bien el desarrollo en el tiempo del entrenamiento personal. Al comienzo, en los primeros meses, la cueva parece un espacio inescrutable en el que uno no encuentra con facilidad la luz que le permita vislumbrar que objetos alberga, cual es su tamaño, o que complejidad tienen sus pasadizos. Con la práctica progresiva y constante, se consigue en unos meses que la sala principal comience a hacerse algo más visible. Uno aprende a moverse dentro de ella y, aún con algunos tropiezos, puede distinguir lo que tiene a su alcance: dinámicas de habilidad psicomotriz, principios estructurales de corrección postural o ejercicios respiratorios para controlar la tensión y el estrés.

Quedarse en la sala principal es suficiente para la mayoría, pero no para quiénes son capaces de intuir que la grutas, que se abren en algunas grietas, pueden estar ocultando tesoros aún más valiosos. Adentrarse en ellas requiere abandonar la zona de aparente seguridad de la sala principal, cuyo acceso al exterior siempre está abierto y luminoso. Por eso, no todo el mundo está dispuesto a ir "más hacia el interior", ya que su recorrido es incierto, y sus posibles beneficios son sólo una mera posibilidad.

Sin embargo, para quienes hemos dedicado décadas de práctica al Taichí, hasta el punto de convertirlo en nuestra forma de vida, la atracción de esos pasajes es irresistible. Y aún no sabiendo si habrá una caída a una profunda sima, o resbaladizas pendientes que nos impidan luego el retorno, decidimos adentrarnos en ellas por el mero placer de investigar su abruptos recorridos.

Algunas de estas grutas simplemente te devuelven a la sala principal, tras un recorrido más o menos sinuoso: son las prácticas repetitivas e improductivas que no te aportan gran cosa excepto el hecho de aprender a seleccionar mejor por donde dirigir tu Camino. Otras son especialmente peligrosas, pues incluyen desafíos en los que la integridad física está amenazada, como son los trabajos de neikung diseñados para aprender a encajar golpes en zonas delicadas del cuerpo. También hay numerosos pasillos cuyo tránsito aporta calma y tranquilidad a quién los recorre, por lo que muchos deciden quedarse en ellos, como sucede con muchas de las prácticas de tipo meditativo o los ejercicios respiratorios de daoyin, que se asemejan al yoga hindú. Además, existen pasillos más siniestros que algunos buscan con ansia, en los que aprender técnicas para dañar, o incluso matar, con facilidad a los demás; estancias éstas, cuyo atractivo es similar al que muchos sienten por las novelas de terror, y que precisan de una enorme ética y de un fuerte carácter para no perderse en ellos. Hay tantas posibilidades y bifurcaciones, que moverse entre estas para seleccionar la más adecuada a cada uno, requiere una concentración muy desarrollada.

Independientemente de las grutas que uno decida recorrer, no hay que olvidar dónde queda la salida de la cueva, pues todas las riquezas que obtengamos en ella no tienen valor sin no las usamos en el mundo real. Es decir, los beneficios terapéuticos logrados, tienen sentido si podemos luego usarlos para disfrutar de la Vida que hay en el exterior de la caverna.


martes, 9 de mayo de 2017

un empuje es mucho más que un empuje...

Un empuje aporta mucha más información que la relativa a la fuerza y dirección del mismo. Si algún desconocido nos empuja por la calle, lo más relevante no es la intensidad del empuje, sino otros factores relacionados con la apariencia de la persona que lo realiza, la expresión de su cara o quiénes le acompañen.

En función de ese tipo de elementos, la percepción del empuje que hemos recibido varía, así como la interpretación que hacemos de este. No es igual que nos empuje un niño, una mujer menuda o un hombre de mayor altura que nosotros y con músculos más desarrollados. Aunque la fuerza sea la misma, y la sensación física también, el proceso mental será totalmente diferente.

Por tanto, no reaccionamos a un componente físico objetivo, reaccionamos a múltiples elementos subjetivos de alta carga emocional. Por eso, la práctica requiere un exhaustivo entrenamiento psíquico, que nos haga ser conscientes no sólo de las tensiones que creamos en nuestro cuerpo, sino también de las que creamos en nuestra mente.

jueves, 27 de abril de 2017

acomodar la postura

Cómo bien podrán intuir algunos, "acomodar la postura" no se trata de tumbarse en el sofá a modo de seres inertes que dejan caer sus cuerpos de forma pesada y perezosa. Acomodar la postura es algo que se puede hacer tumbado, sentado y, en el caso del Taichí, también de pie.

La estructura que adopta el cuerpo cuando uno "se sienta" en su posición busca, principalmente, que las articulaciones queden libres de las presiones que tienden a juntar más los huesos que las componen. Para lograr esta liberación articular, sobre todo en rodillas, cadera y columna vertebral, es precisa una sutil conciencia de cómo se dispone el sistema músculo-esquelético para lograrlo.

Si, por ejemplo, la cintura se proyecta lateralmente, la cadera de ese lado sufre más presión al contactar la cabeza del fémur de forma más directa con el hueco de la pelvis en el que se encaja (acetábulo). Por eso, es precisa una buena simetría entre ambos lados de la pelvis para que ambas caderas tengan un movimiento libre y fluido.

Cuando se consigue realmente "acomodar la postura", la sensación es la de estar sentado o apoyado con las nalgas en una silla imaginaria que, al no existir, obliga a una trabajo muy intenso a los músculos del muslo (cuádriceps), que son lo que sujetan la posición. Ya que estos músculos están sometidos en esta situación a un esfuerzo muy intenso, mucha gente no siente que esté cómoda, pero es en ese esfuerzo muscular donde las articulaciones queden liberadas de sus posibles presiones.

Sentarse en la posición es posible, por tanto, si las piernas son fuertes, pues si no las usamos, tendrán que ser las tensiones de la espalda las que sujeten la postura erguida con las consiguientes molestias en esta parte del cuerpo.

Y así, sumamos otra paradoja más al universo del Taichí, según la cual estar cómodo al permanecer de pie se basa en el esfuerzo muscular adecuado. Cuanto más intensa es la sensación en los músculos, más cómodas y relajadas están las articulaciones.

lunes, 10 de abril de 2017

eminentemente postural...

Cuando alguien acude al centro a preguntar por las clases de Taichí, y solicitan una información sobre lo que esta disciplina constituye, casi siempre recurro, sean practicantes o neófitos, a las palabras que expongo en el título de esta entrada: "el Taichí que practicamos en eltai es eminentemente postural".

Tal es así, que si sólo tuviera 15 minutos para enseñar Taichí a una persona, me centraría sin dudarlo en los aspectos posturales que buscan alinear la estructura física del cuerpo, su estática y su equilibrio, incidiendo en la posición de la columna vertebral. ¿El Taichí es básicamente esto? Por supuesto que no, el Taichí es mucho más, pero todo lo demás carece de significado, desde mi opinión, si previamente no se ha trabajado esto.

Como ya vimos hace tiempo en una entrada anterior, el cuerpo constituye el recipiente físico que, a modo de caldero, posibilita la preparación de "aquello" que favorece la salud y la vitalidad del organismo. Pero si uno no dispone la parte somática de la manera adecuada, el resto de practicas carecen de la base necesaria para desarrollarlas adecuadamente.

Si pudieramos establecer un orden de prioridades dentro del entrenamiento global del Taichí, a mi modo de ver serían las siguientes:

1. Disposición de una postura correcta: Lo que implica aprender a cargar de forma adecuada el peso en las piernas, alinear las columna vertebral y aflojar los hombros y el pecho, entre otras cosas. Para ello los ejercicios de Chikung estático son el ejercicio ideal, aunque son bastante exigentes para los principiantes. 

2. Control respiratorio: Una vez alcanzada la postura adecuada, es preciso eliminar aquellas tensiones que sobran y que agarrotan el cuerpo. El trabajo respiratorio es el ideal para lograrlo, de manera que en cada nueva espiración vayamos soltando las contracciones musculares que el cuerpo no necesita para adoptar la postura. Con el control respiratorio, se adquiere la capacidad de relajarse, incluso en situaciones que exigen un esfuerzo físico o mental. Cualquier secuencia de chikung facilita este trabajo.

3. Fluidez de movimientos: Muchas articulaciones, como el hombro o la cadera, se sienten más cómodas y se relajan mejor con el movimiento, siempre y cuando este sea suave y fluido. Y es esta fluidez la que caracteriza la dinámica de todas las rutinas de Taichí. Cuando los gestos fluyen de unos a otros sin interrupción, las articulaciones van liberándose y aflojando sus tensiones.

4. Estabilidad: Lo que se conoce en Taichí como "enrraizamiento" o "toma de tierra" tiene mucho que ver con la estructura física, aunque implica una dimensión más amplia. Además de una postura equilibrada, se busca una estabilidad que tiene su base en el fortalecimiento progresivo de las piernas, pues son ellas las que deben dar asiento a nuestra estructura, y no las sillas o los sofás.

5. Intención: Siguiendo este camino progresivo, la intención implica dar un sentido a cada movimiento, sabiendo que hace exactamente el cuerpo en cada gesto. Son las manos y los pies los que más evidente muestran la intención, y donde la técnica específica de cada secuencia se manifiesta.

6. Termorregulación: Lo que muchos conocen como "generar energía" no es más que el acto de activar el sistema vascular, generando una sensación cálida y confortable en todo el organismo de manera uniforme y constante. Hacer Taichí implica estimular el flujo sanguíneo, pero sin obligar al corazón a latir más deprisa, como hacen la mayor parte de los deportes. De ahí que esté especialmente indicado pra personas con problemas cardíacos.

7. Sensibilidad: Consiste en adquirir una conexión más fina de lo que sucede en el cuerpo, sentir sus posibles tensiones, percibir sus limitaciones, y percatarse de su potencial. Son los trabajos en pareja, como el tuishou, donde más plenamente se desarrollamos este aspecto.

8. Conciencia: Cuando todo lo anterior se considera de manera conjunta en la dinámica de una rutina, es cuando uno realmente abre su mente al Taichí. No se trata sólo de aprender una secuencia de movimientos y reproducirlos de la forma más fiel posible (o la más parecida a lo que hace el instructor o maestro), sino ser consciente en todo momento de las posibles tensiones, del equilibrio de la postura, del trabajo de piernas, de la intención de los gestos, etc. Consiste, en definitiva, en usar el Taichí para "estar presente".

Si bien no es estrictamente necesario seguir este orden en el desarrollo del Taichí, desde mi punto de vista es el más idóneo para ir progresando de manera adecuada, considerando las particularidades de la mentalidad occidental. Es decir, partir de lo más físico y tangible, para ir adquiriendo destrezas más sutiles aunque menos mensurables.

jueves, 23 de marzo de 2017

"lo espiritual" en el Taichí (otra vez)

Para entender qué es "lo espiritual" dentro del Taichí, es fundamental entender que no está relacionado con aspectos tales como la meditación o la quietud, sino con aspectos más dinámicos y que requieren mayor concentración y esfuerzo mental. 

Si analizamos a que hace alusión "lo espiritual" dentro de las múltiples religiones y filosofías, nos encontramos un elemento común que subyace a las diversas representaciones externas, las cuales varían con cada cultura. Ese elemento es el anhelo de trascender, es decir, de llevar al ser a un estado diferente del habitual, y en el que los asuntos cotidianos pierden relevancia, al menos dentro del ritual que se realice, para un desarrollo más pleno y consciente de la propia vida.

La meditación sirve para calmar la mente; las posiciones estáticas, como la de "abrazar el árbol", sirven además para fortalecer el cuerpo y aportarle una estructura fuerte y estable; la lentitud de movimientos es útil para corregir la técnica corporal y crear una postura equilibrada y sin tensiones. Hay quienes ven en estos aspectos la parte espiritual del Taichí, pero ninguno de ellos aporta un sentido de trascendencia, si bien son muy útiles para la adecuada realización de los movimientos, la relajación y la corrección de la postura.

Para trascenderse a sí mismos es preciso afrontar aquello que evitamos, lo que incomoda, lo que nos enfrenta con nuestros miedos y tensiones. Dentro del Taichí, es la practica en parejas donde abordamos estas cuestiones. Las artes marciales, en general, buscan la trascendencia por la vía del combate con el otro. Son una metáfora del combate interno con uno mismo, con ese adversario interior que nos hace repetir los mismos patrones, los mismos hábitos, las mismas inquietudes, los mismos temores...

Tan sólo uno de cada diez practicantes de Taichí en occidente deciden abordar la cuestión del trabajo con contacto físico, pues su supuesto objetivo no tienen que ver nada con la lucha, sino con el bienestar personal, la salud y la relajación. Esta actitud no sólo es respetable, sino que es más que suficiente para obtener beneficios del Taichí, tanto físicos como mentales. De lo que hablamos al incluir la interacción con otros es de algo diferente que "trasciende" las prácticas habituales de cualquier práctica gimnástica y, en el caso del Taichí, que "trasciende" el combate, pues éste se entiende como una reciprocidad de intenciones, en la cual la fuerza del otro me sirve para desarrollar mi capacidad de relajación, aprendiendo a ceder y a entender la intención de su energía. No es una cuestión de ganar al otro, sino de crear con él un equilibrio de fuerzas en la que nos permitimos el uno al otro desarrollar la proyección y la absorción de las mismas, en un intercambio alterno de energías.


Cerrar los ojos y moverse con lentitud y parsimonia puede ser útil para concentrarse en algunos aspectos propios del Taichí. Sin embargo, mi experiencia tras más de 20 años dando clases, es que además de no servir para concentrarse mejor, al cerrar los ojos la postura equilibrada tiende a perderse, y se deja de atender a la dinámica propia de la secuencia que se está practicando. La verdadera atención no está sólo en el propio cuerpo, está en el entorno, en el compañero que me empuja, en el coche que coche cruza delante mío, en el viento que sacude los árboles, en todo... 

La conciencia más sutil no se desarrolla en el ensimismamiento, sino en la percepción global de lo que está dentro y de lo que está fuera, hasta que quizá un día uno no sea capaz de sentir la diferencia entre ambos, y comprenda que son lo mismo.

miércoles, 8 de marzo de 2017

higiene muscular

Patrón de dolor generado por las contracturas
del músculo piriforme o piramidal.
Tan importante como la higiene exterior, que implica asearse, lavarse y llevar ropa limpia, está lo que podríamos denominar como higiene interior, y que conlleva el cuidado de los elementos orgánicos que no se ven, pero que son fundamentales para nuestra salud general.

Una alimentación variada y equilibrada es algo fundamental, sobre todo para al aparato digestivo, pero también para el adecuado aporte de nutrientes a todo el cuerpo. Además, hay un aspecto que muchos omiten y que tienen que ver con el óptimo funcionamiento de la musculatura.


Los músculos son estructuras vivas que necesitan un continuo aporte energético, pero que también aportan ellos mismos energía: estimulan el funcionamiento general del organismo activando el flujo vascular, fomentan la actividad cerebral y facilitan procesos orgánicos fundamentales como la respiración y la digestión, entre otras funciones.

Pero lo músculos también generan residuos, y las tensiones acumuladas en ellos pueden originar contracturas donde el drenaje se hace más difícil, y que el cuerpo a menudo manifiesta en la piel. Por eso, a menudo es preciso algo más que ejercitarlos. Necesitan cuidados más específicos, y que pasan por adquirir la flexibilidad adecuada, mediante estiramientos, y la densidad óptima, que se puede lograr por medio de masaje o manipulaciones que deshagan sus nudos internos.

En la tradición oriental existen numerosas prácticas de automasaje que sirven para tomar conciencia de las tensiones que tenemos, y de cómo podemos gestionarlas. Desde hace siglos, la medicina tradicional china ha descrito de forma exhaustiva los puntos donde estas tensiones se acumulan con más frecuencia, y métodos específicos para liberarlas. También disciplinas más modernas y occidentales, como la osteopatía, la kinesiología o la bioenergética, han creado ejercicios concretos para localizar y gestionar tales puntos. Curiosamente, las localizaciones y manipulaciones de estas zonas son muy similares en las diversas terapias.

Estiramiento combinado con presión del
músculo piriforme (Vb30)
En el ejemplo de la foto, podemos observar un ejercicio específico en el cual se combina el estiramiento de la parte lateral y posterior de la pierna con una mano, mientras con la otra se presiona el punto Vb30 de acupuntura, ubicado en el mismo lugar en que la osteopatía sitúa la contractura propia del músculo piramidal o piriforme, y cuya tensión afecta al movimiento de la cadera, alterando la forma de caminar.

Localizar y soltar las propias tensiones requiere un alto grado de conciencia corporal e implicación, pero los resultados en la salud y en la propia sensación de vitalidad hacen que el esfuerzo merezca la pena, o la a alegría, según cómo cada uno afronte su práctica.


lunes, 27 de febrero de 2017

mitos del Taichí que conviene desterrar

Hay una serie de mitos acerca del Taichí que es conveniente desterrar, si uno quiere tener la mente abierta a lo que esta antigua disciplina puede ofrecerle:
  1. El Taichí es una forma de meditación en movimiento: Esto es parcialmente falso, pues lo que se busca no es vaciar la mente ni acceder a un estado alterado de conciencia, sino agudizarla para percibir aspectos corporales sutiles, y relacionados con la tensiones y la posición de las articulaciones. Sería, por tanto, una práctica de conciencia corporal, más que una forma de meditación.
  2. El Taichí es lento y pausado: Esto también es parcialmente falso, pues muchas de las secuencias de Taichí pueden desarrollarse de forma rápida y enérgica. Para ello, se busca colocar el cuerpo de manera que ninguna articulación sufra por la acción de algún movimiento fuerte o de alta velocidad.
  3. El Taichí es un arte marcial: Hoy en día pocas son las escuelas que lo practican como tal ya que, si bien es cierto que en origen era una disciplina totalmente marcial, no es esa característica la que ha hecho que se divulgue y se practique por todo el mundo. Actualmente, la enseñanza se ciñe casi exclusivamente a sus componentes relacionados con la salud del organismo. Tan sólo unos pocos trabajamos los aspectos marciales con aquello alumnos que demandan estos conocimientos.
  4. El Taichí es una gimnasia netamente corporal: No es cierto, ya que las principales limitaciones surgen en el plano mental. Físicamente, cualquiera que pueda andar puede practicar Taichí, pero resulta una práctica extremadamente difícil para quiénes no son capaces de mantener la concentración y la atención en la forma de realizar sus movimientos.
  5. El Taichí es una danza: Totalmente falso. Si bien es fácil encontrar un alto grado de estética en muchas de las secuencias, no es la belleza del movimiento lo que se persigue, sino la ejecución suave y fluida, sin tensiones innecesarias añadidas. Esta fluidez puede impregnar de cierta belleza las coreografías, pero no es este el objetivo principal.
  6. El Taichí es un deporte: realmente no es adecuado considerarlo como tal por varias razones. La más evidente de todas es que no implica un esfuerzo aeróbico, ya que no se aumenta el ritmo cardíaco ni se llega a sudar. Por tanto, no es un deporte en el sentido estricto de la palabra.
  7. El Taichi es expresión corporal. Es falso, porque las secuencias que se realizan están ya diseñadas, y los movimientos no buscan transmitir nada concreto hacia fuera. No es algo que uno haga para posibles espectadores, sino para sí mismo.
  8. El término "Taichí" hace alusión a la "energía vital" que se desarrolla al practicarlo: Es falso, el término "Taichí" no se refiere al chi (qi) como aliento o energía vital, sino a la polaridad que surge de los opuestos (yin y yang) y que marca la pauta de movimiento en las secuencias (vacío-lleno, tenso-relajado, contraido-expandido, etc.) La definición más aproximada de "Taichí" sería la de "máxima polaridad" o "máxima armonía", pero no la de "máxima energía". Mucho del misticismo energético y trascendental que se le ha dado al Tacihí proviene de elaboraciones occidentales, más que de enseñanzas chinas originales, las cuales son eminentemente prácticas y libres de esoterismos improductivos.

miércoles, 22 de febrero de 2017

prueba una clase, un mes, un año,,,

Probar una clase de Taichí es una opción que todas las escuelas damos, de cara a que el posible alumno "sepa donde se mete", aunque los que practicamos esta disciplina sabemos que una clase aporta más bien poco.

Para quién no ha practicado anteriormente Taichí, la "clase de prueba" sólo le suele servir para evaluar su grado de determinación a la hora de iniciar una actividad, pero no para hacerse una idea de lo que realmente implica practicar Taichí, ni de los beneficios que puede aportarle. Sólo a quienes ya han practicado anteriormente le resulta de ayuda, pues una clase les permite ver si lo que se hace en una escuela determinada se parece a lo que ellos han trabajado previamente. A menudo, el grado de discrepancia con lo que ya han hecho, suele ser determinante para tomar la decisión de entrar en un nueva escuela.

Practicar un mes aporta una visión más precisa y amplia de lo supone el Taichí. Uno empieza a entender la importancia de la postura y de coordinar los movimientos con la respiración, también empieza a descubrir que hay tensiones involuntarias que no son necesarias para realizar algunas posiciones, pero que, sin embargo, aparecen con insistencia. El primer mes es de descubrimiento, de percibir el cuerpo desde otra óptica y, a menudo, de cambiar su concepto sobre lo que es un ejercicio saludable.

Pero un mes de practica tampoco aporta grandes beneficios. Es más, pueden aparecer molestias que uno antes no tenía, y que son fruto de la mera toma de conciencia de lo que sucede en el organismo. El cuerpo, al sentirse escuchado, comienza a expresar aquellos dolores que antes encubría con resignación.

Un trimestre es periodo mínimo para descubrir lo que el Taichí puede suponer en la vida de quien lo practica. Si la practica ha sido constante y consciente, se empiezan a asimilar los conceptos básicos, y el cuerpo comienza a integrarlos en sus posturas y movimientos. Ahora sí, uno puede calibrar si la práctica puede ayudarle a superar sus molestias o relajar su ritmo de vida, aunque todavía los efectos no sean evidentes.

Al cabo de un año, o de un curso de 9-10 meses, uno está en condiciones de afirmar que sabe lo qué es el Taichí, pues conocerlo requiere una practica continua que corrobore en lo físico lo que uno, en mucho menos tiempo, aprende en lo psíquico. Los principios del Taichí se aprenden en una o dos clases, pero sólo se aprenden de verdad cuando el cuerpo los acomoda en sus dinámicas. Por eso, una año de práctica se considera que es lo mínimo para poder afirmar sin titubeos "yo he practicado Taichí".

A partir de aquí, el tiempo que cada cual necesite para adquirir cierta destreza o dominio es algo personal, puede depende de muchos factores (control corporal previo, capacidad de concentración, constancia, etc.), pero se considera que un periodo de tres años debería aportar lo necesario para ser autónomo en la práctica, e incluso para poder enseñar a otros los principios básicos, pues el Taichí existe para ser divulgado, y no para recluirlo tras los muros de templos iniciáticos o en la doctrina de enseñanzas secretas. Porque el Taichí no pertenece a nadie, ni nadie tiene el conocimiento único, preciso y exclusivo de su enseñanza...