lunes, 27 de febrero de 2017

mitos del Taichí que conviene desterrar

Hay una serie de mitos acerca del Taichí que es conveniente desterrar, si uno quiere tener la mente abierta a lo que esta antigua disciplina puede ofrecerle:
  1. El Taichí es una forma de meditación en movimiento: Esto es parcialmente falso, pues lo que se busca no es vaciar la mente ni acceder a un estado alterado de conciencia, sino agudizarla para percibir aspectos corporales sutiles, y relacionados con la tensiones y la posición de las articulaciones. Sería, por tanto, una práctica de conciencia corporal, más que una forma de meditación.
  2. El Taichí es lento y pausado: Esto también es parcialmente falso, pues muchas de las secuencias de Taichí pueden desarrollarse de forma rápida y enérgica. Para ello, se busca colocar el cuerpo de manera que ninguna articulación sufra por la acción de algún movimiento fuerte o de alta velocidad.
  3. El Taichí es un arte marcial: Hoy en día pocas son las escuelas que lo practican como tal ya que, si bien es cierto que en origen era una disciplina totalmente marcial, no es esa característica la que ha hecho que se divulgue y se practique por todo el mundo. Actualmente, la enseñanza se ciñe casi exclusivamente a sus componentes relacionados con la salud del organismo. Tan sólo unos pocos trabajamos los aspectos marciales con aquello alumnos que demandan estos conocimientos.
  4. El Taichí es una gimnasia netamente corporal: No es cierto, ya que las principales limitaciones surgen en el plano mental. Físicamente, cualquiera que pueda andar puede practicar Taichí, pero resulta una práctica extremadamente difícil para quiénes no son capaces de mantener la concentración y la atención en la forma de realizar sus movimientos.
  5. El Taichí es una danza: Totalmente falso. Si bien es fácil encontrar un alto grado de estética en muchas de las secuencias, no es la belleza del movimiento lo que se persigue, sino la ejecución suave y fluida, sin tensiones innecesarias añadidas. Esta fluidez puede impregnar de cierta belleza las coreografías, pero no es este el objetivo principal.
  6. El Taichí es un deporte: realmente no es adecuado considerarlo como tal por varias razones. La más evidente de todas es que no implica un esfuerzo aeróbico, ya que no se aumenta el ritmo cardíaco ni se llega a sudar. Por tanto, no es un deporte en el sentido estricto de la palabra.
  7. El Taichi es expresión corporal. Es falso, porque las secuencias que se realizan están ya diseñadas, y los movimientos no buscan transmitir nada concreto hacia fuera. No es algo que uno haga para posibles espectadores, sino para sí mismo.
  8. El término "Taichí" hace alusión a la "energía vital" que se desarrolla al practicarlo: Es falso, el término "Taichí" no se refiere al chi (qi) como aliento o energía vital, sino a la polaridad que surge de los opuestos (yin y yang) y que marca la pauta de movimiento en las secuencias (vacío-lleno, tenso-relajado, contraido-expandido, etc.) La definición más aproximada de "Taichí" sería la de "máxima polaridad" o "máxima armonía", pero no la de "máxima energía". Mucho del misticismo energético y trascendental que se le ha dado al Tacihí proviene de elaboraciones occidentales, más que de enseñanzas chinas originales, las cuales son eminentemente prácticas y libres de esoterismos improductivos.

miércoles, 22 de febrero de 2017

prueba una clase, un mes, un año,,,

Probar una clase de Taichí es una opción que todas las escuelas damos, de cara a que el posible alumno "sepa donde se mete", aunque los que practicamos esta disciplina sabemos que una clase aporta más bien poco.

Para quién no ha practicado anteriormente Taichí, la "clase de prueba" sólo le suele servir para evaluar su grado de determinación a la hora de iniciar una actividad, pero no para hacerse una idea de lo que realmente implica practicar Taichí, ni de los beneficios que puede aportarle. Sólo a quienes ya han practicado anteriormente le resulta de ayuda, pues una clase les permite ver si lo que se hace en una escuela determinada se parece a lo que ellos han trabajado previamente. A menudo, el grado de discrepancia con lo que ya han hecho, suele ser determinante para tomar la decisión de entrar en un nueva escuela.

Practicar un mes aporta una visión más precisa y amplia de lo supone el Taichí. Uno empieza a entender la importancia de la postura y de coordinar los movimientos con la respiración, también empieza a descubrir que hay tensiones involuntarias que no son necesarias para realizar algunas posiciones, pero que, sin embargo, aparecen con insistencia. El primer mes es de descubrimiento, de percibir el cuerpo desde otra óptica y, a menudo, de cambiar su concepto sobre lo que es un ejercicio saludable.

Pero un mes de practica tampoco aporta grandes beneficios. Es más, pueden aparecer molestias que uno antes no tenía, y que son fruto de la mera toma de conciencia de lo que sucede en el organismo. El cuerpo, al sentirse escuchado, comienza a expresar aquellos dolores que antes encubría con resignación.

Un trimestre es periodo mínimo para descubrir lo que el Taichí puede suponer en la vida de quien lo practica. Si la practica ha sido constante y consciente, se empiezan a asimilar los conceptos básicos, y el cuerpo comienza a integrarlos en sus posturas y movimientos. Ahora sí, uno puede calibrar si la práctica puede ayudarle a superar sus molestias o relajar su ritmo de vida, aunque todavía los efectos no sean evidentes.

Al cabo de un año, o de un curso de 9-10 meses, uno está en condiciones de afirmar que sabe lo qué es el Taichí, pues conocerlo requiere una practica continua que corrobore en lo físico lo que uno, en mucho menos tiempo, aprende en lo psíquico. Los principios del Taichí se aprenden en una o dos clases, pero sólo se aprenden de verdad cuando el cuerpo los acomoda en sus dinámicas. Por eso, una año de práctica se considera que es lo mínimo para poder afirmar sin titubeos "yo he practicado Taichí".

A partir de aquí, el tiempo que cada cual necesite para adquirir cierta destreza o dominio es algo personal, puede depende de muchos factores (control corporal previo, capacidad de concentración, constancia, etc.), pero se considera que un periodo de tres años debería aportar lo necesario para ser autónomo en la práctica, e incluso para poder enseñar a otros los principios básicos, pues el Taichí existe para ser divulgado, y no para recluirlo tras los muros de templos iniciáticos o en la doctrina de enseñanzas secretas. Porque el Taichí no pertenece a nadie, ni nadie tiene el conocimiento único, preciso y exclusivo de su enseñanza...