miércoles, 22 de febrero de 2017

prueba una clase, un mes, un año,,,

Probar una clase de Taichí es una opción que todas las escuelas damos, de cara a que el posible alumno "sepa donde se mete", aunque los que practicamos esta disciplina sabemos que una clase aporta más bien poco.

Para quién no ha practicado anteriormente Taichí, la "clase de prueba" sólo le suele servir para evaluar su grado de determinación a la hora de iniciar una actividad, pero no para hacerse una idea de lo que realmente implica practicar Taichí, ni de los beneficios que puede aportarle. Sólo a quienes ya han practicado anteriormente le resulta de ayuda, pues una clase les permite ver si lo que se hace en una escuela determinada se parece a lo que ellos han trabajado previamente. A menudo, el grado de discrepancia con lo que ya han hecho, suele ser determinante para tomar la decisión de entrar en un nueva escuela.

Practicar un mes aporta una visión más precisa y amplia de lo supone el Taichí. Uno empieza a entender la importancia de la postura y de coordinar los movimientos con la respiración, también empieza a descubrir que hay tensiones involuntarias que no son necesarias para realizar algunas posiciones, pero que, sin embargo, aparecen con insistencia. El primer mes es de descubrimiento, de percibir el cuerpo desde otra óptica y, a menudo, de cambiar su concepto sobre lo que es un ejercicio saludable.

Pero un mes de practica tampoco aporta grandes beneficios. Es más, pueden aparecer molestias que uno antes no tenía, y que son fruto de la mera toma de conciencia de lo que sucede en el organismo. El cuerpo, al sentirse escuchado, comienza a expresar aquellos dolores que antes encubría con resignación.

Un trimestre es periodo mínimo para descubrir lo que el Taichí puede suponer en la vida de quien lo practica. Si la practica ha sido constante y consciente, se empiezan a asimilar los conceptos básicos, y el cuerpo comienza a integrarlos en sus posturas y movimientos. Ahora sí, uno puede calibrar si la práctica puede ayudarle a superar sus molestias o relajar su ritmo de vida, aunque todavía los efectos no sean evidentes.

Al cabo de un año, o de un curso de 9-10 meses, uno está en condiciones de afirmar que sabe lo qué es el Taichí, pues conocerlo requiere una practica continua que corrobore en lo físico lo que uno, en mucho menos tiempo, aprende en lo psíquico. Los principios del Taichí se aprenden en una o dos clases, pero sólo se aprenden de verdad cuando el cuerpo los acomoda en sus dinámicas. Por eso, una año de práctica se considera que es lo mínimo para poder afirmar sin titubeos "yo he practicado Taichí".

A partir de aquí, el tiempo que cada cual necesite para adquirir cierta destreza o dominio es algo personal, puede depende de muchos factores (control corporal previo, capacidad de concentración, constancia, etc.), pero se considera que un periodo de tres años debería aportar lo necesario para ser autónomo en la práctica, e incluso para poder enseñar a otros los principios básicos, pues el Taichí existe para ser divulgado, y no para recluirlo tras los muros de templos iniciáticos o en la doctrina de enseñanzas secretas. Porque el Taichí no pertenece a nadie, ni nadie tiene el conocimiento único, preciso y exclusivo de su enseñanza...

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