jueves, 27 de abril de 2017

acomodar la postura

Cómo bien podrán intuir algunos, "acomodar la postura" no se trata de tumbarse en el sofá a modo de seres inertes que dejan caer sus cuerpos de forma pesada y perezosa. Acomodar la postura es algo que se puede hacer tumbado, sentado y, en el caso del Taichí, también de pie.

La estructura que adopta el cuerpo cuando uno "se sienta" en su posición busca, principalmente, que las articulaciones queden libres de las presiones que tienden a juntar más los huesos que las componen. Para lograr esta liberación articular, sobre todo en rodillas, cadera y columna vertebral, es precisa una sutil conciencia de cómo se dispone el sistema músculo-esquelético para lograrlo.

Si, por ejemplo, la cintura se proyecta lateralmente, la cadera de ese lado sufre más presión al contactar la cabeza del fémur de forma más directa con el hueco de la pelvis en el que se encaja (acetábulo). Por eso, es precisa una buena simetría entre ambos lados de la pelvis para que ambas caderas tengan un movimiento libre y fluido.

Cuando se consigue realmente "acomodar la postura", la sensación es la de estar sentado o apoyado con las nalgas en una silla imaginaria que, al no existir, obliga a una trabajo muy intenso a los músculos del muslo (cuádriceps), que son lo que sujetan la posición. Ya que estos músculos están sometidos en esta situación a un esfuerzo muy intenso, mucha gente no siente que esté cómoda, pero es en ese esfuerzo muscular donde las articulaciones queden liberadas de sus posibles presiones.

Sentarse en la posición es posible, por tanto, si las piernas son fuertes, pues si no las usamos, tendrán que ser las tensiones de la espalda las que sujeten la postura erguida con las consiguientes molestias en esta parte del cuerpo.

Y así, sumamos otra paradoja más al universo del Taichí, según la cual estar cómodo al permanecer de pie se basa en el esfuerzo muscular adecuado. Cuanto más intensa es la sensación en los músculos, más cómodas y relajadas están las articulaciones.

lunes, 10 de abril de 2017

eminentemente postural...

Cuando alguien acude al centro a preguntar por las clases de Taichí, y solicitan una información sobre lo que esta disciplina constituye, casi siempre recurro, sean practicantes o neófitos, a las palabras que expongo en el título de esta entrada: "el Taichí que practicamos en eltai es eminentemente postural".

Tal es así, que si sólo tuviera 15 minutos para enseñar Taichí a una persona, me centraría sin dudarlo en los aspectos posturales que buscan alinear la estructura física del cuerpo, su estática y su equilibrio, incidiendo en la posición de la columna vertebral. ¿El Taichí es básicamente esto? Por supuesto que no, el Taichí es mucho más, pero todo lo demás carece de significado, desde mi opinión, si previamente no se ha trabajado esto.

Como ya vimos hace tiempo en una entrada anterior, el cuerpo constituye el recipiente físico que, a modo de caldero, posibilita la preparación de "aquello" que favorece la salud y la vitalidad del organismo. Pero si uno no dispone la parte somática de la manera adecuada, el resto de practicas carecen de la base necesaria para desarrollarlas adecuadamente.

Si pudieramos establecer un orden de prioridades dentro del entrenamiento global del Taichí, a mi modo de ver serían las siguientes:

1. Disposición de una postura correcta: Lo que implica aprender a cargar de forma adecuada el peso en las piernas, alinear las columna vertebral y aflojar los hombros y el pecho, entre otras cosas. Para ello los ejercicios de Chikung estático son el ejercicio ideal, aunque son bastante exigentes para los principiantes. 

2. Control respiratorio: Una vez alcanzada la postura adecuada, es preciso eliminar aquellas tensiones que sobran y que agarrotan el cuerpo. El trabajo respiratorio es el ideal para lograrlo, de manera que en cada nueva espiración vayamos soltando las contracciones musculares que el cuerpo no necesita para adoptar la postura. Con el control respiratorio, se adquiere la capacidad de relajarse, incluso en situaciones que exigen un esfuerzo físico o mental. Cualquier secuencia de chikung facilita este trabajo.

3. Fluidez de movimientos: Muchas articulaciones, como el hombro o la cadera, se sienten más cómodas y se relajan mejor con el movimiento, siempre y cuando este sea suave y fluido. Y es esta fluidez la que caracteriza la dinámica de todas las rutinas de Taichí. Cuando los gestos fluyen de unos a otros sin interrupción, las articulaciones van liberándose y aflojando sus tensiones.

4. Estabilidad: Lo que se conoce en Taichí como "enrraizamiento" o "toma de tierra" tiene mucho que ver con la estructura física, aunque implica una dimensión más amplia. Además de una postura equilibrada, se busca una estabilidad que tiene su base en el fortalecimiento progresivo de las piernas, pues son ellas las que deben dar asiento a nuestra estructura, y no las sillas o los sofás.

5. Intención: Siguiendo este camino progresivo, la intención implica dar un sentido a cada movimiento, sabiendo que hace exactamente el cuerpo en cada gesto. Son las manos y los pies los que más evidente muestran la intención, y donde la técnica específica de cada secuencia se manifiesta.

6. Termorregulación: Lo que muchos conocen como "generar energía" no es más que el acto de activar el sistema vascular, generando una sensación cálida y confortable en todo el organismo de manera uniforme y constante. Hacer Taichí implica estimular el flujo sanguíneo, pero sin obligar al corazón a latir más deprisa, como hacen la mayor parte de los deportes. De ahí que esté especialmente indicado pra personas con problemas cardíacos.

7. Sensibilidad: Consiste en adquirir una conexión más fina de lo que sucede en el cuerpo, sentir sus posibles tensiones, percibir sus limitaciones, y percatarse de su potencial. Son los trabajos en pareja, como el tuishou, donde más plenamente se desarrollamos este aspecto.

8. Conciencia: Cuando todo lo anterior se considera de manera conjunta en la dinámica de una rutina, es cuando uno realmente abre su mente al Taichí. No se trata sólo de aprender una secuencia de movimientos y reproducirlos de la forma más fiel posible (o la más parecida a lo que hace el instructor o maestro), sino ser consciente en todo momento de las posibles tensiones, del equilibrio de la postura, del trabajo de piernas, de la intención de los gestos, etc. Consiste, en definitiva, en usar el Taichí para "estar presente".

Si bien no es estrictamente necesario seguir este orden en el desarrollo del Taichí, desde mi punto de vista es el más idóneo para ir progresando de manera adecuada, considerando las particularidades de la mentalidad occidental. Es decir, partir de lo más físico y tangible, para ir adquiriendo destrezas más sutiles aunque menos mensurables.